Caminó calle abajo, entró a la casa. Una llamada anónima le
había avisado. La mente obnubilada, las
piernas le temblaban, ¿quién habría sido capaz de tal maldad? Sangre y
violencia por doquier, muebles removidos, papeles tirados, hasta los animales
estaban muertos. Un letrero: “para que aprendan a respetar”. Entre el desastre
una veladora había quedado al pie de la foto de un muchacho. La llama aleteaba
débil. De pronto, una voz muy débil se escuchó: “papá, papá”. La niña salió de
una alacena.
La literatura, el arte y la cultura pueden enriquecer y transformar la vida personal y social. Textos de Alfonso Franco Tiscareño.
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miércoles, 19 de agosto de 2015
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