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miércoles, 28 de febrero de 2024

 Miguel Hernández. Elegía. Joan Manuel Serrat  I

Tendría 13 años cuando escuché por primera vez una canción titulada Tu nombre me sabe a hierba. Me llamó la atención de inmediato, me impactó. Luego, en 1970, vino otra titulada Señora, que de plano me intrigó y absorbió. Por aquel entonces, lo típico, quería iniciarme en el amor y pretendía a una chica muy jovencita. Lógico, su familia se oponía ya que ella era muy pequeña y yo también. La canción Señora me vino al pelo para tratar de gritarle a todo mundo, incluida mi madre, que yo amaba a esa chamaca, y desde la perspectiva de lo que la letra me decía, me cubría y defendía con “ese con quién sueña su hija, ese ladrón que os desvalija de su amor soy yo, señora. Ya sé que no soy un buen yerno, soy casi un beso del infierno, pero un beso al fin, señora”. En ese tiempo, y por mi falta de experiencia en la vida, no entendía muchas cosas, estaba totalmente dominado por un poderoso despertar hormonal y por mi carácter caprichoso. La letra me venía como guante.

Empecé  a preguntarme quién era ese cantante que componía esas canciones tan diferentes a todas las que se oían en la radio y la televisión en ese tiempo. Era  tan crítico, tan ácido, tan certero. Afortunadamente, los medios de comunicación mexicanos, aunque bastante conservadores, dieron promoción a este nuevo cantante,  Joan Manuel Serrat, al cual hasta querían incluso para galán de cine. Fue así que en España, en1968, se produjo la película Palabras de amor, que en cuanto se estrenó en México, fui a ver en compañía de mi madre, siguiendo la pista de este compositor que me intrigaba y me gustaba tanto. Me puse a indagar, a comprar las revistas que hablaban de él, a leer notas en los periódicos, artículos, y comencé a saber y entender un poco quién era, de dónde venía, y cuál era su contexto.

Desde la escuela primaria había amado la poesía y tenía varios libros en los cuales venían publicados fragmentos de poemas de un tal Miguel Hernández. Entre las cosas que encontré al averiguar de Serrat supe que había editado un disco en honor precisamente de Miguel Hernández (1972), el mismo poeta que venía en algunos de mis libros y pequeñas antologías. El disco me llamó poderosamente la atención, me dio curiosidad y quise conseguirlo.

Por aquellas mismas fechas comencé a tocar la guitarra, así que conseguía cancioneros del Guitarra fácil que traían los acordes de muchas canciones que me gustaban, y si no venían, yo mismo las sacaba de oído. Afortunadamente, Guitarrafácil seguido publicaba álbumes con una buena cantidad de canciones de diversos autores, grupos, tríos, y así fue como tiempo después conseguí un álbum para guitarra con las canciones de Joan Manuel Serrat, y ahí venían algunos de los poemas de Antonio Machado y de Miguel Hernández que Serrat había musicalizado. Ahí conocí Elegía, una canción que nunca había escuchado, que me gustó aunque se me hizo muy compleja y oscura. Había vivido muy poco y el poema de Hernández me rebasaba con sus significados. Me faltaba experiencia en la vida y un poema de la profundidad y complejidad de la Elegía, se me hacía difícil de entender, aparte de que la música que le compuso Joan Manuel se me hacía oscura, deprimente, aunque muy bella.  Hasta la fecha no se me ha olvidado ni la letra ni la música ya que, a pesar de mi inexperiencia, esas canciones me impresionaron profundamente. 

Ahora vuelvo a escuchar la pieza muchas décadas después. Por estos días estaba pensando en Elegía y casualmentevuelvo a encontrarla. Me apareció en mi muro de Facebook. De inmediato me emocioné y me puse a escucharla con la atención que brindan los años, la distancia, la experiencia y lo vivido. Me doy cuenta qué  distinto es escuchar y leer algo a los 13 años y volver a encontrarlo cinco décadas después. Y si en aquel tiempo me impresionó, ahora quedé más rotundamente asombrado. La letra entró en mí y me produjo choques, acuerdos y desacuerdos con Miguel Hernández, pero sin duda me dejó enriquecido y con un dejo de nostalgia, tristeza, esperanza, y fortaleza. Con una conciencia muy clara de que la vida es una, que hay que apreciarla, gozarla, agradecerla, disfrutarla, porque todo está cambiando permanente.

Vaya hazaña la llevada con gran éxito por Joan Manuel Serrat, porque eso de musicalizar poemas de Miguel Hernández y de Antonio Machado era un trabajo de una dificultad enorme, que fue resuelta con gran éxito, con música hermosa, de alta calidad, que no demerita para nada a la poesía, sino que antes al contrario la resalta y la hace lucir más. Aquellas canciones de Serrat me acercaron todavía más y de manera definitiva a la poesía, y me llevaron a memorizar y a tratar de entender de qué hablaban estos poetas, qué querían decir, y aparte me permitieron degustar la belleza y armonía de sus textos, sus rimas, sus conceptos, la profundidad de su pensamiento y de sus reflexiones filosóficas acerca de la vida y la muerte. Me proporcionaron la alegría de saber que todo tema era posible abordarlo y que esas letras proporcionaban herramientas para enfrentar la vida misma con la poesía en la mano. Y así, he llorado y reído con estos poetas, me he divertido con las andanzas de don Guido, en el poema Llanto y coplas, de Antonio Machado, y he llorado  amargamente con Nanas de la cebolla, de Miguel Hernández, ambas musicalizadas por Serrat. Y junto a ellos he reflexionado acerca de la vida y la muerte, de la alegría, la felicidad, la tristeza y el abuso. Sin duda, gran trabajo de Serrat, que ha llevado a estos poetas más allá de las fronteras de las letras, a todos los rincones del planeta.

 

Alfonso Franco Tiscareño 

Para Vitral, en el suplemento Barroco. Diario de Querétaro 

9 de febrero del 2024

 

https://www.diariodequeretaro.com.mx/cultura/elegia.-joan-manuel-serrat-i-11436305.html

 

 

domingo, 27 de septiembre de 2020

Topor I

 Topor

        

                  I

Sí, debe ser la canícula,

esa de la que hablaban Green y Rulfo,

esa que se siente de norte a sur

y de este a oeste,  en todo el país.

Por eso los cuerpos se  pudren más rápido, 

quizá a eso le apuesten cuando les conviene, 

o quizá no importa.

¡ Cuánta arena ardiendo,

cuánto esqueleto regado, 

cuántos espejismos en el horizonte,

cuánta ilusión de que en el fondo

aparezca un Salvador,

alguien que detenga estas masacres..!

pero no pasa nada, ese día parece no llegar.

 

 

El dolor está sembrado por doquier.

Los hijos que preguntan por sus papás

apenas saben hablar,

las niñas comienzan a dar sus primeros pasos

antes de correr el riesgo de ser robadas.

Un par de imbéciles sonríen

mientras echan diez pesos en la sinfonola,

una música vulgar y amenazante 

comienza a escucharse.

El polvo se levanta  generando brumas sofocantes,

los animales del desierto huyen espantados,

las bocas de fuego amenazan  apuntando

para todos lados, 

¿Quién puede sonreír,  quién puede guardar

esperanzas,  quién quiere jalarle el gatillo

a la tristeza  para terminar

de una vez con todo?

 

 

Exacto,  debe ser la calor, debe ser

esa nublazón interna que todo lo ciega,

¿ será el pasado, será  la constelación

del Centauro dando coces? 

¿Será el llanto de los niños y de las viudas,

será el llanto de las madres que nunca

educaron a sus hijos?

 

 

 

 

 

 

 

Alfonso Franco Tiscareño 

Para Vitral, en el suplemento Barroco. Diario de Querétaro 

16 de septiembre del 2020

https://www.diariodequeretaro.com.mx/cultura/topor-5792623.html


miércoles, 17 de enero de 2018

Las lagrimas de Eros

Las lágrimas de Eros
Este libro  puede decirse que nació el 24 de julio de 1959, fecha en que Georges Bataille le puso nombre. Se trata de una especie de conclusión de los temas que fueron importantes en su obra. En Las lágrimas de Eros, Bataille hace válido el viejo adagio al que fue fiel Paul Valéry: una imagen vale más que mil palabras. El poder de una imagen rebasa con mucho todos los esfuerzos de un escritor por describir algún suceso. Bataille retoma, como asunto personal, el enorme dilema al que están sometidos todos los humanos: el erotismo, como fuente vital, y la muerte, como un final sin posibilidad de evasión. Diversos autores a lo largo de los siglos han cavilado de muchas formas abordando estos temas inherentes a la cultura, a la historia. No hay salida, sólo la posibilidad de la descripción, de la narración, del mito, de la anécdota, y en éstas encuentra el artista, el ensayista, un poco de consuelo o de satisfacción.
El sentimiento y la conciencia de la muerte marca todos nuestro pasos. La alegría del amor y del erotismo como un esperanza, una realidad, que aunque pasajera, llena con plenitud el vacío del final. El que ama, el que está envuelto en la satisfacción voluptuosa del placer, puede decir que ha vivido, que ha valido la pena a pesar de lo que venga, que probó el infinito.
Si la reflexión acerca de la relación entre erotismo y muerte nos lleva un conocimiento mayor de uno mismo, el anhelo de Bataille se verá colmado. Si la lectura de este libro nos lleva a vivir una vida más plena y consciente sabiendo que ésta tendrá un final, habrá valido la pena la existencia de este ensayo. Si su lectura nos lleva a un disfrute mayor del amor en todas sus dimensiones, pero especialmente en lo relativo a lo sexual y a lo erótico,  habrá iluminado las zonas de desesperanza que, unos más,  otros menos, padecen en sus vidas cotidianas.
Esto abre la posibilidad de vislumbrar y de vivir una vida más plena, fecunda, consciente. Actualmente, es común encontrar en las redes sociales llamados desesperados de quienes buscan amor, de quienes no han sido tocados ni  por la vara de Eros ni por las flechas de Cupido. Y así,  exhiben sus cuerpos, más mujeres que hombres,  en una especie de catálogo virtual, para que los vean, para ver si alguien pica el anzuelo, si alguien se interesa. Es legítimo, pero también triste. ¿Es acaso suerte, destino, karma?  No hay recetas ni todo está sometido a los cánones ofíciales del reino de la belleza. Hay mujeres poco agraciadas casadas con hombres guapos, y hombres feos casados con mujeres hermosas.  Y más allá de lo establecido es verdad que si a ti  te parece bella esa mujer o guapo ese hombre, es porque simplemente así es,  y podrán disfrutarse a plenitud. El mito de la Bella y la Bestia ha dado cuenta de ello. Y acaso también Frankenstein, aunque ahí sólo se trata de amistad, y no de amor erótico.
Quien prueba el amor de forma erótica, ha probado un trozo de la eternidad, ha retado al tiempo y al espacio. Lleva consigo mismo un pedazo de vida, del universo. La vida plena le puede ayudar a entender la muerte, e incluso, de alguna manera, a superarla. El amor a sí mismo es vasto, vital, pero el amor al otro es la plenitud. Tocarse, desearse, mirarse, besarse, cubrirse, penetrarse, puede representar la revelación total acerca de qué es la vida humana. Es la gran oportunidad: el ejercicio de la acción poética, espiritualizar al cosmos.
Seres conscientes, que abren la gran oportunidad de cara al universo. El infierno o el cielo están en sus manos, la muerte y el terror, o el amor y la creatividad. Cada quien decide. Eros y/o Tánatos. Y entre ellos, claro, la contradicción. Nada es totalmente blanco o negro, existe en medio toda una gama de valores. Señala Bataille en el Prefacio “Pero por encima de la precisión histórica, nunca olvidamos este principio: una de dos, o lo que nos obsesiona es, en principio, lo que el deseo y la ardiente pasión nos sugieren; o tenemos la razonable preocupación de un futuro mejor. Parece ser que existe un termino medio”. (p. 35) Pero en seguida agrega que el primer paso conseguido con este libro es: “¡Llevarnos a olvidar las nimiedades de la razón!”
Dicha gama de valores está plasmada en el arte, como lo señala Bataille, a lo largo de toda la historia de la creación humana. De ahí que una imagen hable más que mil palabras. Señala Román Gubern en su libro Del bisonte a la realidad virtual que “…la imagen es un producto social e histórico…” y que “La pulsión icónica surge de la necesidad de otorgar sentido a lo informe, de dotar de orden al desorden…”.
El libro viene profusamente ilustrado con imágenes de obras que van desde la prehistoria, hasta el arte contemporáneo. La iconografía la trabajó  Bataille  con J.M. Lo Duca, y muestra  lo que intenta todo el arte que ha abordado el tema del erotismo y la muerte: dejar al menos una estela de terror, poesía o amor a su paso por el mundo. Decidimos y creamos, en principio, para la propia satisfacción, para saber que se intentó ser un testigo crítico. Y en seguida, para dejar  un legado para los demás, una herencia, un ejemplo, un fortalecimiento, un camino para la familia, amigos, compañeros. Un viaje órfico al hades, capaz de iluminar con cánticos sublimes la más profunda oscuridad.
El abanico de posibilidades de la vida contiene de todo, dolor, alegría,  sufrimiento, placer, éxtasis,  martirio, vida, muerte. Cada uno en su lugar y muchas veces entremezclados. La aceptación y el desapego son la clave de toda vivencia. Hablarlo es fácil, pero requiere de un trabajo continuo,  consciente y muchas veces doloroso. Para Bataille el dolor es el intermediario entre la vida y la muerte.
Esta búsqueda del amor y del sexo como puertas a la inmortalidad del presente,  están desde el principio de la historia humana como tal. Mínimo desde la época del Hombre de  Neanderthal, en el Paleolítico superior. Amor y sexo han evolucionado desde lo más elemental y brusco, hasta lo más fino y extático. El tao del sexo, y el tantra sexual, son dos ejemplos históricos de ese desarrollo. Orgasmo, risa, espiritualidad, alegría, son nuestras herramientas para enfrentar a Tánatos. Respecto a la risa y el orgasmo como formas de desarrollar la conciencia, ha señalado Guillermo Sheridan en su  artículo publicado en la revista Letras Libres (diciembre 2017), que leyendo el Cakrasamvara Tantra. The discourse of Sri Heruka que tradujo y editó el erudito David B. Gray, ahí encontró la relación tan cercana y vital que existe entre la risa y el orgasmo: “la emergencia de la risa-gnosis en un arrebato de dicha natural”.
Es por todas estas circunstancias  que el libro de Georges Bataille se titula Las lágrimas de Eros, porque en él aborda, a partir del arte de todos los tiempos, la pulsión de la muerte, como llanto,  y la pulsión de la vida, como Eros.
En muchas líneas de este texto asombroso se percibe una decepción que raya en el pesimismo. Hay que tener en cuenta que este libro fue escrito cuando Bataille pasaba por graves problemas de salud y tremendas depresiones, que sumadas al talante oscuro del autor le dan ese aire a veces un tanto siniestro. Sin embargo, el lector siempre aporta cuando lee, y quien quiera llevarse la luminosidad que subyace en el texto podrá sin duda lograrlo.
Ni sólo ardiente pasión turbadora, ni vida sin el recurso de la razón.  El orgasmo y la risa orgásmica, son el potencial que poseemos para enfrentar el vacío. Nos dan un espacio pequeño, pero enorme,  de comprensión de la vida. Hay quienes aseguran que del orgasmo surgió la meditación. Tal es su rango, la conciencia absoluta del presente, del aquí y del ahora, aunque partiendo de una pérdida momentánea de la noción del tiempo y el espacio. El big bang que cada orgasmo supone, la armonía entre lo carnal y lo espiritual, la superación de lo que se supone antitético.
Las lágrimas de Eros, Georges Bataille. Ed. Tusquets. 1ª ed. México 2013


Alfonso Franco Tiscareño
Para Vitral, en el suplemento Barroco. Diario de Querétaro
https://escritosdeaft.blogspot.com
11 enero 2018


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