miércoles, 28 de febrero de 2018

¿Existe la amistad?

¿Existe la amistad?
En un mundo plagado de guerras y desastres como ha ocurrido en la corta historia de la humanidad, siempre valdrá la pena hablar del amor. A pesar de los errores, de los sinsabores, de las traiciones, de lo que sea, siempre será pertinente invocar su  nombre. La vía del amor como la única salida real, pertinente, viable y concreta para enfrentar el caudal de problemas a los que se enfrentan las relaciones humanas.  Ya hemos señalado que Platón  plantea en su libro Diálogos, que aún para construir un Estado poderoso es necesario contar con el recurso del amor, aunque siempre es necesario colocar a éste en un contexto histórico determinado.

A nivel de las relaciones personales se vuelve todavía mas cercano y palpable el poder que el amor tiene para que los seres humanos estén contentos y puedan disfrutar sus vidas. Dice Aristófanes en el Diálogo Banquete: “Que nadie se ponga en guerra con Eros, por que ponerse en guerra con él es atraerse el odio de los dioses. Tratemos, pues, de merecer la benevolencia  y el favor de este dios, y nos proporcionará la otra mitad de nosotros mismos, felicidad que alcanzan muy pocos ”. (Platón.  Diálogos. Ed. Porrúa. 2005. México. p. 511)

La sentencia de Aristófanes es tremenda. El que no se ponga del lado del amor, pagará las consecuencias. Y la verdad de este dicho la podemos atestiguar desde nuestro entorno más  cercano, hasta el más amplio. El amor es más que una entelequia fresita de cursilerías y ñoñadas. El amor es un recurso concreto que construye formas de vida concretas.  Cuando se lleva a la práctica como una forma de vivir proporciona un tipo de felicidad “que alcanzan muy pocos”.

Dice Aristófanes: “…estoy seguro de que todos seremos dichosos, hombres y mujeres, si, gracias al amor, encontramos cada uno nuestra mitad...” (p.511) Es decir, a nivel de las relaciones interpersonales, el amor marca un derrotero definitivo, y, dichoso será, de los pocos, el que encuentre a su otra mitad.

Siguiendo el camino socrático, el de la mayéutica, el de la poiesis, es que podemos acercarnos para comprender cada vez lo que pueden ser el amor y la amistad. Hay que hablar con nuestro seres queridos y preguntar, preguntar, hablar, conversar, intercambiar puntos de vista, no quedarnos callados, no vivir en soledad los pensamientos que nos alegran o nos atormentan. Mirarnos a los ojos, abrazarnos, escucharnos, son acciones que permiten un acercamiento más sincero,  actividades que nos permiten comprender cada vez más lo que pueden ser la amistad y el amor. Lysis o de la amistad, es otro diálogo que forma parte del libro de Platón que ya hemos citado. Ahí  Sócrates dice: “Hay una cosa que yo deseo desde mi infancia…uno quiere tener caballos; otro, perros; otro, oro; otro, honores. Para mí todo esto es indiferente, y no conozco cosa más envidiable en el mundo que tener amigos, y querría más tener un buen amigo  que la mejor codorniz…preferiría un amigo a todo el oro de Darío, y a Darío mismo; ¡tan apetecible y tan digna me parece la amistad!”.

A pesar de esto, para Sócrates  es muy difícil descubrir lo que es el amigo, la amistad. Después de una larga disquisición con Lysis y con Menexenes, no logra definir bien a  bien qué es la amistad. A lo más que llega es a comprender que lo conveniente, lo que nos conviene, es lo que define que exista o no la amistad entre los seres humanos, pero diversas contradicciones entre lo conveniente y lo semejante, lo llevan a cuestionar el concepto encontrado con tantos trabajos.

Todo el que ha querido tener un amigo, y el o la que los ha tenido, sabe muy bien lo difícil  que es sostener una amistad.  Siempre está en riesgo, siempre está amenazada por los malos entendidos. De hecho, en la Biblia se señala que la fuente de todas las discordias son los mal entendidos, las intrigas (Proverbios 16:28). Jesús en los Evangelios (Juan 15: 12-15) señala que no hay  mejor amigo que el que da la vida por sus amigos. Esto puede tomarse literalmente, como en el caso de él mismo, o metafóricamente. “Dar la vida” puede significar amar, ayudar, cooperar, solidarizarse, no abandonar nunca a un amigo, ni en las buenas ni en las malas. Este concepto de Jesús nos acerca a una más acabada idea de lo que puede ser la amistad.

Pero decirlo es muy fácil, ¿Quién lo puede probar en el terreno de las acciones, de los hechos? Pienso en el triste caso entre Octavio Paz y Carlos Fuentes. Una amistad tan solida, fecunda, admirable, que por un diferendo crítico  terminó en tan lamentable forma, y nunca se resolvió. Murieron sin haberse reconciliado.

Hay quien de plano relega a una instancia menor la amistad entre seres humanos. La gente menciona un dicho popular tremendo, brutal, frío, pero certero -según señalan muchos-: “no hay mejor amigo que un peso en la bolsa”. Es una frase gélida, pero que ha muchos se les ha revelado como una verdad objetiva por las circunstancias que han vivido. Aún así, es una frase que implica una profunda soledad y una gran desesperanza respecto al género humano. Guarda también un grado de verdad: es el propio poder el que puede salvarte de un apuro, el que te puede dar la ayuda. Sin embargo, hay que tomar en cuenta que ese poder propio, por más frío e independiente que parezca, viene de una relación con los otros. Una relación de trabajo, de negocios, de conveniencia, de lo que sea, pero en relación con otros, y por tanto siempre la otredad, el otro, puede ser fuente de aprecio, de ayuda, de solidaridad, de amistad.

No confundir amistad con complicidad, la amistad verdadera es crítica, por eso es tan difícil conseguirla, cultivarla. Prácticamente a nadie le gusta que le digan sus verdades, pero quién si no un verdadero amigo puede señalarte los errores. Y sin embargo, es tan urgente la presencia de amistad en el mundo. Es la única, porque es amor, que puede aportar comprensión y buena voluntad en los diversos problemas que se presentan a diario. Señala el filósofo Arthur Schopenhauer al respecto que nada es mejor a “la ignorancia del mundo como alegar, cual prueba de los méritos y valía de un hombre, que tiene muchos amigos. ¡Como si los hombres otorgasen su amistad con arreglo a la valía y al mérito! ¡Como si, por el contrario, no fueran semejantes a los perros, que aman a quien les acaricia o solamente les hecha huesos que roer, sin mas halago! Quien mejor sabe acariciar a los hombres - aun cuando sean asquerosas alimañas -, ese tiene muchos amigos."

Epicteto (55-135 d.C) señala en su libro Manual y máximas: " ¿Ves esos perros que están jugando? Diríase que son los mejores amigos del mundo, a juzgar por sus fiestas, sus caricias, su bullicio y sus lametones, ¿verdad? Pues echa en medio de ellos un hueso y verás lo que ocurre. Esta suele ser la amistad entre padres, hijos y hermanos. En cuanto se ofrece un motivo de disputa: dinero, tierras, una querida, bienes de cualquier clase, ya no hay padre, ni hijo, ni hermano".

Son muchos los pensadores que han abordado el tema de la amistad. Quien esté interesado en profundizar  indague en Sócrates,  Platón,  Aristóteles, Schopenhauer,  Nietzsche. Estudie lo que dicen estos filósofos y compárelo con sus propias experiencias. Es un tema inagotable que estará siempre sobre la mesa de debates mientras el ser humano exista.  Y, aunque a veces no lo parezca, vale la pena nutrirse de la sabiduría, vale la pena regar el campo florido de la amistad, pasearse por sus campos y respirar su aroma. No importa si alguna vez nos equivocamos, si no hemos valorado la amistad, incluso si hemos traicionado  a algún amigo. En todo caso, como dijo Cristo, vete y no lo hagas más. Siempre habrá la oportunidad de sembrar la flor de la amistad.


Alfonso Franco Tiscareño
Para Vitral, en Barroco. Diario de Querétaro
22 de febrero del 2018
www.escritosdeaft.blogspot.mx

jueves, 22 de febrero de 2018

Del acontecer

Llama del corazón,  amor divino, reenciéndete para mí, dame tu fuego para que pueda ver a los ángeles bailar. 
                                                              *

(a Basho)
Amarilla, pequeña, no sé tu nombre,
brillas entre la verde maleza,
hija del sol.
                                                              *
Ya lo dijo el eminente sabio Rigo Tovar: Quítate la máscara y ven a bailar.
Quizá me falte expiar más mis faltas, abrir más mis orejas, destruir mi super ego, doblar más la cerviz, limpiar el corazón, abrirlo totalmente al amor. Por medio de actos lo realizaré, y pediré más fe, mucha fe.
 Estas ideas me han surgido al leer la vida de Milarepa.
                                                             *
Con cuánta razón a Fernando Solana Olivares le ha cautivado la figura de Margarite Yourcenar. Comparto su pasión y admiración. Y cito un texto que me ha vuelto a despertar el interés por esta mujer maravillosa: Opus Nigrum.

*
Que necesario es leer ensayo teórico  y que bien se diente uno después.  Quería leer algo fuerte y le entré a las Otobiografías, de Jacques  Derrida. Luego luego sentí su fuerza, su sabor. Refrescó mi mente.
                                                             *
El agua llueve desde la regadera
su canto me acaricia
me tapo con paraguas.
                                                             *
Lo más chido es que nunca sabes qué va a suceder en tu sueños nocturnos, es un espacio abierto a la incertidumbre (palabra maravillosa). Benditos mundos.
                                                             *
Hermoso nombre para un poema: Mi hermana la vida. Tan sólo con él me basta para amar de antemano a este texto y al autor: Boris Pasternak. (Leo: El oficio de escritor).
                                                             *
He estado leyendo casi todo el día artículos de Luis González de Alba. Algunos los he fichado.  Me he enterado de muchas cosas. Llego a una primera conclusión: nadie tiene totalmente la verdad. En cada persona podemos encontrar luces y sombras, a veces más unas, a veces más las otras. Por ejemplo, González destroza a Monsiváis. Es probable que tenga razón en algunas o en muchas cosas, no lo sé, pero también es un hecho que Monsi es un personaje importante de nuestra cultura y un señor que, cuando menos a mí, me enseñó mucho. Luz y sombra. Señalar unas, sin descartar las otras.
                                                               *
Cada vez le encuentro más razón al planteamiento de Buda del justo medio, o como yo le he llamado: la filosofía del cacho y cacho. Por ejemplo, en la relación entre el discurso de la Modernidad y la crítica de Posmodernismo.
                                                                *
Soy naturalista, realista, simbolista, expresionista, posmoderno, seguramente un  producto de mi época, síntesis de todo, ¿cómo superar el tiempo que te toca? El genio brota en donde por azar, conciencia o rebeldía, se logra sobrepasar la circunstancia en que se ha nacido.
                                                               *
Estoy viendo la película Pina, de Wim Wenders, y me llena de ideas para bailar en todos lados y de mil maneras videograbando todo. Es una película seminal. Chido.
                                                               *
¡ Qué idioma no es hermoso ¡ ( Lo pienso mientras escucho el japonés en La Balada de Narayama ).
                                                               *
Qué es todo lo subrayado sino la identificación plena con determinadas ideas escritas en los libros. Y con esa identificación me construyo,  refuerzo, aproximo,  adelanto,  encuentro, explico.  Subrayo para que no se me vayan esas joyas, para que estén conmigo siempre que habrá el libro. Sé que para muchos no está bien que se rayen los libros, quizá hasta los estoy inutilizando porque mis subrayados pueden molestar a otro, o hasta en  caso de que quisiera vender el libro, ya no interesaría puesto que está rayado. Así que, esos subrayados-pintura, debo hacerlos con mucho cuidado para que valgan la pena,  dado que son la señal de muchas asociaciones y conceptos, cada color de pluma utilizada, cada época, cada relectura. Mis subrayados son una caricia sobre el texto porque así me doy cuenta para qué es la literatura. No se escribe porque sí, ni se lee porque sí. Claro, hay gozo, asombro, aprendizaje. Se escribe y se lee para actuar en el mundo, y si es posible  para actuar cada vez mejor, con más sabiduría, con más aplomo, con más seguridad, más iluminado, más completo. Lo mío no  es rayar libros, si no  pintar obras de arte en donde me encuentro y transformo, para saltar de la hoja al mundo y ver qué puedo hacer del brazo de otros.
                                                                *
Muchos creen que porque la riegas en la vida, y a veces de maneras terribles y dramáticas, ya no tienes derecho a hablar ni a opinar ni a cuestionar, estás desacreditado, eres un hablador. Yo digo que no, que al contrario, y sobre todo si has tratado de sacar, con honestidad y humildad, alguna enseñanza. Quizá, hasta tengas más derecho a expresarte que aquel que quiso callarte.
                                                               *
¿Cuánto dura un pensamiento encarnado en la sociedad y cuánto tiempo flota vivo en el aire, definiendo las acciones de la gente? Me pregunto esto al leer la frase: “…ya que en la forma de pensar de la Edad Media, la felicidad era un estado futuro que se alcanzaba por medio del sufrimiento en el presente”. La cita es del libro Confesiones de un joven novelista, de Umberto Eco, (p. 64).
Esa idea siguió durante mucho tiempo más allá de la Edad Media , y sigue viva todavía hasta el presente. En mi casa, cuando niño, era un pensamiento que permeaba nuestro mundo, sobre todo en la mentalidad de mi madre.

jueves, 15 de febrero de 2018

14 de febrero, día del amor y la amistad

Tristemente un día tan importante como este se ha convertido en una fiesta comercializada o en un deshago del resentimiento, la frustración y la revancha. Pero este día merece ser revalidado en toda su dimensión, merece ser rescatado y extraer de él lo valioso y poderoso que contiene. Todo es según el color del cristal con que se mire, y hay quienes preferimos verlo con los ojos de la reivindicación.
El tema del amor es abordado varías veces en un texto fundamental para la humanidad. Se trata de los Diálogos, escrito, con toda la influencia socrática, por Platón. La gente, en general,  no se nutre de la sabiduría, sino con páginas  vulgares, en las redes sociales, que dicen cualquier cantidad de disparates. Y siempre que se acerca el 14 de febrero se ha puesto de moda denostar al amor. Esa tendencia grinch respecto al amor y la amistad, debe ser cuestionada fuertemente por nefasta y dañina para la sociedad en su conjunto. En cambio, compartimos totalmente las palabras de Fedro, citadas en el diálogo llamado el Banquete, en los Diálogos : “¿En qué consiste que en medio de este furor de alabanzas universales, nadie hasta ahora ha emprendido el celebrar dignamente a Eros, y que se haya olvidado dios tan grande como este?”

Como sabemos, Eros es el dios del amor y la sexualidad entre los griegos,  y es conocido como Cupido, entre los romanos. De estos  mitos podemos aprender grandes lecciones aplicables a la vida concreta. Sobre todo para no vivir vacíos en esta era de desesperanza, en esta etapa del Amor líquido, como ha titulado su libro el sociólogo Zygmunt Bauman. La moda de atacar al amor en las redes sociales no es sólo una cuestión personal de individuos amargados, sino que obedece también a circunstancias contextuales, es resultado de la época en que vivimos: la posmodernidad.
Bauman señala que se vive una época de relaciones poco duraderas, convenencieras, comercializadas. En una palabra: cada vez es más difícil amar y ser amado. Y se dan paradojas que demuestran la crisis que vivimos en el terreno del amor. En una sociedad profundamente individualista y egoísta, el ser humano es incapaz de amarse a sí mismo. ¿Quién puede amar a otro si no conoce el amor para sí mismo? Pero no se trata ni se propone la adulación ególatra, narcisista, sino el conocimiento de sí mismo socrático. En la medida en que me conozco valoro y aprecio a los demás porque sé que son igual que yo y deben ser tratados con amor y respeto. Es el In lak’ech, hala ken, de la cultura Maya que significa: yo soy otro tú, tú eres otro yo.
Dice Bauman en el libro citado: ”La aceptación del precepto de amar al prójimo es el acta de nacimiento de la humanidad”. (p. 106) Si no eres capaz de conocerte y amarte a ti mismo, si no eres capaz de amar a los demás, ¿cómo puedes pretender amar a esa mujer o a ese hombre si no conoces ni has practicado el amor? Por más buenas intenciones que tengas refleja que no has pensado a profundidad en el tema, ya sea por inexperiencia, por ignorancia, por maldad o por todo junto. El primer paso para amar a otro ser es amarse y conocerse a sí mismo. Este es un proceso, muchas veces largo y doloroso, que llevaría a la gente a sostener relaciones amorosas hasta que tuvieran 60 ó 70 años. Esto no es posible. El despertar del deseo sexual, que aparece con fuerza en la adolescencia,  no da para esperas tan largas. He aquí otra paradoja.
Se ha descuidado totalmente esta temática del amor y la amistad, y se ha dejado, con cierta razón, en manos de las familias. Se supone, sin razón, que ya la vida le irá enseñando a cada uno el camino a andar. Nada más equivocado. Es a nivel de políticas públicas donde debe gestarse la educación para el noviazgo y el matrimonio, la educación para ser padres, para el manejo de las emociones, y también, la educación para aprender a amar.
Esta idea no es una simple locura, es el amor, la solidaridad, el respeto, el desarrollo y la practica de una ética y una moralidad, lo que puede dar lugar a desarrollar una sociedad más sana. Señala Zygmunt Bauman: “Amar al prójimo requiere un salto de fe; sin embargo, el resultado es el acta de nacimiento de la humanidad. Y también representa el aciago paso del instinto de supervivencia hacia la moralidad.                                                                             
Ese paso convierte a la moralidad en  una parte, y tal vez en una conditio sine qua non, de la supervivencia”. (p. 106)
Las relaciones amorosas entre dos seres humanos también deberían pasar por este tamiz, de esta manera lograrían más claridad, más profundidad, mejores resultados. Porque por ahora, ¿sobre qué elementos están fundadas? En el número de divorcios y separaciones podemos tener una primera respuesta. A parte de las parejas que sin separarse, es decir, estando juntos, su vida es un infierno. Aquí volvemos a la pregunta inicial de Fedro, y vamos aún más allá.
La filosofía griega, como muchas otras culturas nos indica por qué el amor es parte central de la vida humana: “También es de todos ellos (Eros) el que hace más bien a los hombres; no conozco mayor ventaja para un joven, que tener un amante virtuoso; ni para un amante, que el amar un objeto virtuoso. Nacimiento, honores, riquezas, nada puede como el amor inspirar al hombre lo que necesita para vivir honradamente; quiero decir, la vergüenza del mal y la emulación del bien. Sin estas dos cosas es imposible que un particular o un Estado haga nunca nada bello ni grande…Hombres unidos de este modo, aunque en corto número, podrían en cierta manera vencer al  mundo entero”. (Diálogos.  El banquete. Ed. Porrúa. P. 499)
Digan ustedes si tiene razón este Diálogo o no. México está urgido de amor, se desangra      brutalmente por la falta de justicia social, por la criminalidad, por la impunidad y la corrupción, por la  falta de valores y por  la falta de amor. La falta de amor al prójimo es de un nivel espeluznante, pavoroso. Pensemos nada más en la cantidad de desapariciones forzadas o de feminicidios que se cometen en el país, y tendremos una idea de la gravedad del problema. “Sin estas dos cosas -la vergüenza del mal y la emulación del bien- es imposible que un particular o un Estado haga nunca nada bello ni grande”… esas palabras resuenan muy a menudo en mi mente.
Por todo esto es que es un gran regalo tener un día para celebrar el amor y la amistad. No es cosa de un día, es asunto de toda la vida, de cada día, con sus caídas y sus plenitudes. El amor y la amistad es una construcción que se edifica a diario, en cada acto; es un jardín que se cultiva, es una flor que se riega a la luz del sol. No importan las diferencias, al contrario, eso fortalece la amistad. Como dice Carlos Fuentes de su amistad con Julio Cortázar: “Nuestras diferencias, sin embargo, aumentaron nuestra amistad y nuestro mutuo respeto, como debe ser en el trato inteligente entre amigos, que no admite ambición, intolerancia o mezquindad. No puede, realmente, haber amistad cuando estos defectos arrebatan al que se dice nuestro amigo.”
Se ama y se tienen amigos no para ser idénticos, no para someterse, sino para ser libres y crecer juntos, a pesar de toda contradicción. Esa es la enseñanza de los que saben. Si la fiebre de la plaga emocional asoma a tus redes sociales o a tu entorno vociferando contra el amor, echando pestes y cantando loas a la amargura y la revancha, al resentimiento, quizá sea tiempo de acercarnos a la sabiduría perenne para escuchar un consejo constructivo, unas palabras que nos fortalezcan y nos hagan ver con claridad el valor inmenso de todo lo que nos rodea. El 14 de febrero es un pretexto, una oportunidad para meditar, reflexionar y valorar la grandeza sublime del amor y la amistad.

jueves, 8 de febrero de 2018

Juventud en crisis. Los ritos de iniciación

Juventud en crisis. Los ritos de iniciación.
¿Qué  le ha ofrecido la iglesia católica a los jóvenes a parte de regaños, miedos y muchísimos abusos?  A nivel de individuos sin duda existen sacerdotes comprometidos con el mensaje de Cristo, pero como institución tiene un historial digno de una severa revisión crítica.

¿Qué le ha ofrecido la familia a los jóvenes aparte de regaños, abusos, miedo? Volvemos a lo mismo, sin duda existen madres y padres excelentes, pero muchísimos están sumidos en círculos viciosos de donde no pueden salir ni les interesa. Violencia intrafamiliar, abuso sexual, drogas, alcoholismo y un sinfín de taras sociales.

¿Qué les ha ofrecido el sistema social? Cuando menos, aquí en México,  actualmente, los jóvenes están rodeados de una cantidad de pésimos ejemplos: corrupción, impunidad, crímenes, falta de democracia, de acceso a la salud, al empleo, a la diversión.  Los jóvenes en México están no sólo expuestos a grandes carencias, sino a enorme violencia. Sabido es que ellos asimilan y copian lo que ven. Así que ya podemos visualizar hacia dónde se dirige nuestra sociedad.

Cierto, existe también la otra cara, pero cuánto peso tiene. Existen sacerdotes católicos y religiosos de otros credos, que están comprometidos y son practicantes honrados de su ministerio. Existen familias que a pesar de sus contradicciones intentan caminar lo mejor que pueden basados en el amor,  la solidaridad y  el trabajo. En la amplitud del abanico social, existen instituciones serias y trabajadores responsables, empeñados en servir a la sociedad desde los ámbitos público y privado. Sino fuera por todo ello, esto ya se hubiera derrumbado desde cuando.

Es  muy fácil juzgar, condenar,  levantar el dedo flamígero, y otra cosa es evaluar, argumentar, construir, cooperar. Es muy difícil ser padres, quizá en todas las épocas lo ha sido, pero sin duda, en la actualidad, es una de las misiones más complejas y arduas que existen.  

Uno de los errores, uno de los más grandes, que se cometen contra los jóvenes es  cercenarles la imaginación.  Y son muchos los ataques, desde varios frentes, contra este recurso clave en la historia de la humanidad. La antigua categoría de los aparatos ideológicos es aún válida en muchos sentidos. Uno de los grandes enemigos de la imaginación lo encontramos en la estulticia con que se trata a la juventud en los cada vez más anquilosados medios masivos de comunicación como la tv, la radio, la prensa. Como en todo, hay sus honrosas excepciones, pero una revisión somera nos dará cuenta de la decadencia que padecen.

Patrick Harpur, un experto en el tema de la imaginación,  señala: “En la Florencia renacentista, y nuevamente entre los románticos ingleses  y alemanes tres siglos después,  la imaginación  fue exaltada no sólo como la facultad humana más importante, sino como el fundamento mismo de la realidad.” (en su libro El fuego secreto de los filósofos, p. 72). Y un camino para desarrollar la imaginación es seguir el camino del héroe, del mito, del arquetipo que prefigura ciertas cualidades y características que sirven de ejemplo a seguir o rechazar, pero lo importante es que esta decisión se tome de manera consciente.

Pero a la juventud ya no hay quién le enseñe el camino del héroe,  ya no tiene guías sólidos, todas las narrativas han sido cuestionadas con un afán de relativismo preocupante, están alejados de los mitos que nutren, que alimentan. También las escuelas han fracasado, han convertido en guarderías y correccionales a los espacios educativos. Las autoridades no tienen una idea de lo que es la



Academia,  creen que con  imponer verticalmente una pseudo reforma, la educación se va a transformar por decreto.

Nada más alejado de la realidad, por eso han fracasado esos intentos verticales en donde no participan los maestros. Y son los jóvenes los que quedan atravesados en este mar de incongruencias y contradicciones. Las muchachas y los muchachos necesitan consejo, guía, es parte intrínseca de su formación, y si no lo encuentran lo van a tomar de algún lado, y ese lado muchas veces resulta ser el más siniestro: las pandillas, la delincuencia, las drogas, el alcohol, la pereza, la inercia, la estupidez. Y esto apenas está comenzando, si no se pone un remedio, con una política de Estado,  como políticas públicas, esto va a estallar más fuerte de lo que ahora vemos.

Una fuente sólida y vital en donde niños, adolescentes  y jóvenes pueden abrevar es en los grandes mitos fundacionales. Como lo señala el antropólogo Rodney Needham, (citado por Patrick Harpur, p.126): “…el mito refleja la historia, proporciona un estatuto social, encarna una metafísica, responde a fenómenos naturales, expresa verdades perennes, hace frente al cambio históricos…”.

El mitólogo  Joseph Campbell, en su obra The masks of God: Creative Mythology (Las máscaras de Dios: mitología creativa), señala que las funciones del mito son cuatro: 1. La función metafísica: despertar un sentido de asombro ante el misterio del ser; 2. La función cosmológica: explicación de la forma del universo; 3. La función sociológica: validar y apoyar el orden social existente; y 4. La función psicológica: guía del individuo a través de las etapas de la vida.

Como puede deducirse, las funciones del mito son importantísimas para que un ser crezca con bases, con fundamentos, con raíces. Y parte central en este proceso formativo lo constituyen los ritos de iniciación. Señala P. Harpur, en la obra citada, que antiguamente los ritos de iniciación para la juventud era un paso obligado y necesario. Los ritos de iniciación “imitan el modelo al que se ajustó el nacimiento del cosmos y en función del cual se establecieron todos los modelos subsiguientes de organización …” (p 146). Vale la pena citar a Harpur textualmente: “Cuando los grandes mitos y rituales se despliegan uno por uno ante él, se abre un significado deslumbrante, como una alfombra fabulosa por la que el niño accede a la condición de hombre”. (p.146)

Harpur señala que estos ritos de iniciación no se pueden eliminar así como así, los jóvenes que no pasan por ello se quedan en la adolescencia, jamás maduran así tengan 20  ó 30 años.  Juzguen ustedes, volteen y  observen a familiares y/o amigos y miren con qué frecuencia estamos viendo esto,  gente que no madura aunque pasen los años.

 Aquí  hay que cuestionarse muchas cosas que están sucediendo en México.  Todo ese mal ejemplo social, corrupción, crimen, impunidad, ¿creemos que pueden cometerse sin dejar huella?  ¿Toda esa orfandad de valores, creemos que puede existir sin ninguna consecuencia? El trabajo para resolver este problema tiene que darse en todos los niveles: individual, familiar, social, y como ya se dijo, como una política de Estado al más alto nivel. Sí las acciones que se tomen no tienen está perspectiva tan sólo serán parches sobre parches que no solucionarán la problemática de fondo: la injusticia social, la falta de empleos bien remunerados, una educación escolar mediocre, la  impunidad y la falta de valores. Parafraseando al filósofo Friedrich Nietzsche podríamos hablar de la necesidad de revalorización de todos los valores, pero, quién lo va a impulsar si parece que muchos  ni siquiera se dan cuenta del problema o prefieren ignorarlo dada la dimensión del reto.

Patrick Harpur
El fuego secreto de los filósofos
Ed. Atalanta. 2ª ed. España. 2006

lunes, 5 de febrero de 2018

Louis Armstrong. Mi presente silencioso ante el cielo que se va iluminando

Muchos, muchos años de mi vida creí que el apellido de Louis era Amstrong, de esas cosas que uno sostiene sin siquiera sospechar que se está equivocado. Asimismo, hasta los 9 años de edad creía que me llamaba de otra manera. Háganme el favor. Y hoy, con más de medio siglo de edad, me vienen a caer varios veintes. No cabe duda que el que cree que sabe y se siente muy seguro, ni sabe ni puede permanecer tan secure.
Hace tiempo uno de mis hijos me obsequió un disco de Louis “Amstrong”, como le decía. Mi esposa me hizo ver que no era “Amstrong”, sino Armstrong. Fui al buscador de Google para constatar si era verdad y si había estado equivocado toda mi vida. Y sí, así era, el apellido correcto era éste último. Vaya –pensé- en cuántas cosas más no estaré equivocado. Uno que se siente todo orden y que además lo disfruta, en fin, me equivoqué. Casualmente, y dicen que no existen las casualidades sino el sincrodestino, acababa de ver en el Canal 40 un documental del genial trompetista.

Nativo de los Estados Unidos, el genio del jazz ya palpitaba en mi mente desde que fui aquel niño que no sabía bien a bien cómo se llamaba. Esa música sonaba en los lugares más insospechados, sitios que nada tenían que ver directamente con Satchmo, -Boca de bolsa, el apodo de Armstrong-, porque mi entorno era muy diferente. Estoy hablando de 1963 o 64. A veces, en mi radio, pasándole de estación en estación, de pronto caía en una extraña frecuencia que estaba discutiéndose con una pieza del maestro de la voz gutural y rasposa. No distinguía, ni sabía si era Hello Dolly, Dream a Little dream of me o La Vie en rose. Tan sólo llamaban mi atención, y de rara manera penetraba en mí la voz cavernosa y de gañote apretado del negro de Nueva Orleans.
Resulta que el maestro había estado más cerca de mi vida de lo que hubiera estado consciente. También por medio de las primeras caricaturas que vi en aquella televisión en blanco y negro, ahí estaba la música del gordo de oro negro. Esos curiosos dibujos animados, en ese mundo totalmente absurdo, en donde las persecuciones entre gatos y ratones llegaban al paroxismo y terminaban en la nada. Corrían para allá, para acá, y la música de la trompeta igual de loca y de virtuosa paseaba mis sentidos por mundos inenarrables. Lo denso de la música sólo se intenta describir, aunque nunca se logre totalmente.
Me di cuenta cómo la vida se cose de modos tan insospechados. Son miles e insondables los caminos del Señor. Vaya que sí. Cómo se tejen sin saber a dónde irán a parar. Pero aún en ese aparente caos, subyace el sincrodestino. Hoy queda con cierta claridad ante mis ojos que mis encuentros con Armstrong me han construido de cierta manera. También me doy cuenta que todo pudo haberme pasado desapercibido, pero no fue así. Lo sé mientras mis pies se bambolean y bailan al ritmo de la inteligencia y sensibilidad de On the sunny side of the street. Exactamente, es en lo simple y sencillo donde se encuentra lo verdadero. Su música ilumina este lado de mi calle interior dándome paz, un remanso de aguas tranquilas y luego agitadas, solos de trompeta sacudiendo mi alma, dulzura que me alimenta en la oscura noche sagrada, la noche de los tiempos, el cosmos y su inmensidad. Con esta canción, Louis me enseña a volver a contemplar el mundo de otra forma, los árboles, el cielo, los colores y hasta a los amigos. Tienes razón, Louis, qué maravilloso es todo si lo sabemos mirar con los ojos del asombro. El asombro, la máxima cualidad de la filosofía. Saber mirar para, como dicen los budistas, comprender el interser, que todo está en todo. Qué importa si eres negro o blanco, en verdad no encuentro la diferencia, no veo la razón para maravillarse porque alguien sea rubio. Ambos me causan admiración y asombro. Exacto, es eso, sin nombre, sin fronteras, si me llamara piedra o rana, qué importa, soy y no soy, mi nombre es yo soy y se disuelve en la nada, en las notas musicales recorriendo mi sangre y mis entrañas. Ese sí soy. Un amigo perenne de Louis Armstrong o “Satchmo”, el del brazo y la palabra fuerte, el de pulmones de volcán, el trompetista de fuego en el corazón, el caballero, el self made man, el que después nadó en billetes verdes. Su frente bañada en sudor era una catarata de pasión. Hoy, a varias décadas de distancia, Armstrong renace en mi corazón como un jazz suave al ritmo de su flow. Me une a una remembranza, que va desde la niñez, hasta el presente. Gracias, Louis por iluminarme con esta canción desde que tenía 11 años: What a wonderfull world.
Termino bailando, limpio mi cuerpo, con Mack the Knife. La bailo con mi amada entre los brazos. No necesito más, sólo la total atención para sentir esa música, su cadencia, sus rupturas, para que nos revele lo que guarda en lo profundo de ella. Cierto, es una pieza con una historia brutal, incluso muchos no quisieron montarla hasta que por fin tu aceptaste, Louis. Dijiste que te recordaba a algunos tipos rudos que habías conocido en Nueva Orleans. Habías corrido mundo, Satchmo, mucho mundo, los barrios más bajos, los arrabales. Solo de ahí podía surgir alguien como Mack. Y sin embargo la canción es tan sabrosa, tan rítmica, con esa repetición constante de la tonada principal.
El mismo Louis había participado en su juventud en algunos actos delictivos menores, de alguna forma entendía más allá del rango común lo que significaba esa letra de Mack the Knife. Ese origen turbio, el origen en la miseria brutal, lo marcaron por completo en los suburbios de Nueva Orleans, pero también la calle determinó su amor absoluto por la música al escuchar a los grandes músicos callejeros en su lugar de origen, toda su fuerza, su virtuosismo, su alegría y tristeza, al tocar y cantar.
La huella siniestra del racismo también dejó su impronta en el carácter de Armstrong, lo construyó fuerte, decidido, determinado. Y fue de una familia judía, también discriminada, de quien recibió apoyo para no terminar como un delincuente más. Del señor Karnofsky recibió la primera trompeta que marcaría para siempre el rumbo de su vida. A falta de padre, que lo abandonó, el viejo blanco judío se convirtió en su apoyo. Lección clara de que el racismo es nefasto, y que la solidaridad y el amor son productivos, florecientes, luminosos.
Y de esos barrios y vivencias surgió su voz grave, extraña, con un oscuro fondo, con sabor a esclavitud y campos de algodón. Dicen que no hay mal que por bien no venga. De una ruptura del músculo orbicular de la boca, producto de su forma de tocar la trompeta, sumado al tabaco y al alcohol, le vino esa voz única, sin parangón. Louis es un todo que conjunta además una mirada tierna, bonhomía, una gran simpatía y carisma, y una voz que deja huella, que no pasa desapercibida, que no puede olvidarse nunca una vez que se ha escuchado.
Al amanecer, recorro el Periférico de la Ciudad de México, hacia el oriente, a 90 kilómetros por hora. Escucho esta música bella, ese piano, el contrabajo, las percusiones, los solos, el conjunto, mientras observo cómo va amaneciendo, cómo va apareciendo esa franja rojiza en el horizonte, cómo va abriéndose camino la luz, y entonces entiendo que simplemente soy lo que soy, entonces descubro el momento más bello y eterno: mi presente silencioso ante el cielo que se va iluminando.
Alfonso Franco Tiscareño

lunes, 29 de enero de 2018

Chivis y Mary

Yo lo que he visto -dijo don Samuel-, es que el que la hace la paga. A través de mi vida he atestiguado que el que se pasa de listo paga de una u otra forma. Aquí en la Tierra está el infierno y el cielo, y aunque a veces parezca que algunos hijos de su pelona, gente malvada, pueden hacer lo que quieran y nadie les hace nada, al tiempo, aunque parezca muy lejos, pagan el pato que se hayan tragado.
Doña Mary lo escuchaba con cierta decepción, no es que le aburriera, sino que no le creía mucho, porque lo que ella vivía en su vida concreta era que su cuñada nomás se la pasaba jodiendo, y nadie parecía poder ponerle freno.
Todo empezó  desde que falleció el esposo de doña Mary, don Luis. Ellos tenían una tienda de abarrotes en un local ubicado en un terreno que había quedado intestado y que ahora los hermanos de don Luis se peleaban por su propiedad y por los límites. No era un terreno muy grande, apenas 500 metros que habían sido divididos de manera muy extraña.
Don Samuel hizo una observación corrosiva: Tanto pleito por un terreno ubicado en un lugar polvoso y semidesértico, ni que estuviera tan chulo.
Tenía razón el don, pero la casa es la casa, dónde estaríamos todos arrimados, en algún cuartucho y pagando mes tras mes rentas que caen mas rápido que la cuchilla de una guillotina. Y luego, pal mugrero de casas que construyen, sin una idea clara, no se les ocurre nada más que encimar cuartos en construcciones tipo chorizo, alargadas y pa’rriba. Y aluego,  cómo suben las personas y los muebles, pues quién sabe, a ver cómo le hacen. Esas casas son un espejo de sus mentes en muchos sentidos, sin idea, sin plan, a como salga, sin visión a futuro, sin una idea de funcionalidad y comodidad.
Con la enfermedad de don Luis y su posterior muerte, la tienda de abarrotes fue valiendo gorro hasta que desapareció. Al final ya no tenían nada, ya no surtían más que chucherías, veneno para los niños. Un pequeño refrigerador que habían adquirido con muchos trabajos, al final, siempre estaba prácticamente vacío. Qué triste se veía aquello.
-Pero ahí están de perros-, decía  don Samuel- y la cuñada es un auténtico chacal.
Su sobrenombre era “Chivis”, apelativo cariñoso que hacía un auténtico contraste con su personalidad despiadada, agresiva. Por cualquier cosita se le echaba encima a cualquiera, por supuesto a doña Mary. Y de inmediato le comenzaba a tirar de habladas, que si ella ya no tenía por qué vivir en el terreno, que si Luis ya había muerto y ellos ya no tenían nada que hacer ahí, que ya no era su casa.
Esa era una cuestión un tanto rara. Chivis tampoco era dueña de la propiedad, ni siquiera de su espacio. Ella estaba casada con el hermano de Luis, Chencho, quien en todo caso era el dueño de su parte. Chencho y Chivis se ponían salvajes escupiendo habladas, groserías, amenazas sobre doña Mary y su familia. Que sí Mary ya casi cincuentona quería andar de piruja, que ya le andaba, que era una tal por cual, que nunca quiso a Luis, que no lo atendió bien durante su enfermedad, que todo lo hacía de mala gana, y así, un rosario de acusaciones.
El resto de la familia, y hasta los vecinos, habían atestiguado que Mary se había dedicado. Ahí estaba para arriba y para abajo llevado a Luis al doctor, a hospitales, a curanderos, a brujos, a lo que fuera, con tal de buscar la recuperación de su esposo. ¿De qué estaba enfermo?… nadie lo sabía exactamente, sólo como que comenzó a secarse, se le hizo cuerpo y cara de pájaro seco. Había sido tomador, pero no podía considerársele un alcohólico, tenía un genio de los diablos y gritaba y despotricaba, pero nunca agredía físicamente a su familia.
Mary quedaba muy agotada, sobre todo emocionalmente, de tanto trajín, pero eso no quería decir que no quisiera ayudar a su marido, que no quisiera que se curara. Todo lo contrario, cómo no iba querer  que  el amor de su vida, su compañero de juegos desde chavitos, su único amor, se aliviara. Se habían querido y gozado a su manera desde muy chamacos, sin grandes pretensiones más que la de estar juntos. Cuando se arrejuntaron, los suegros les dieron un cacho de terreno para que hicieran su casita. Incluso les ayudaron con mano de obra y materiales para construir su chorizo de casa. Fea, pero con mucha ilusión. Luego vinieron los hijos y hasta los nietos, y todos vivían ahí, juntos como muéganos. Todos saltando de un trabajo a otro. Vendedores, cobradores, choferes, talacheros, tapiceros, a donde hubiera trabajo le entraban. No es que fueran muy chambeadores, pero había que sacar para los refrescos, las papitas y los chicharrones.
Ahora Mary parecía padecer el mismo mal que se llevó a su esposo. Flaca, flaca, como si se la estuvieran chupando. Algunas amigas le habían dicho que se trataba de una brujería, que le estaban haciendo un mal. Las sospechas aumentaban cuando encontraban huevos aventados contra su puerta, tierra como lodo en las ventanas que daban a la calle, y hasta una gallina muerta y desplumada hallaron un día. Y todos se espantan, se daban valor, pero a la vez les daba miedo. Y claro, la primera sospechosa era la Chivis, que pasaba frente a la casa siempre echando pestes y pelando chicos ojotes, que hasta se le botaban como canicas. Era pura lengua viperina y odio.
Esa Chivis, quién sabe por qué le tenía tanto coraje a la familia de Mary. Quizá porque ya era un espantajo de mujer, con los pelos pintados de güero, tan prieta ella, y ese aliento como de caño fresco. Siempre embarazada, ya iba para el octavo hijo. Se casó con Chencho y también les tocó su pedazo de terreno y también levantaron un chorizo sin ventanas y en donde para ir a un cuarto tenían que pasar por todos los demás. Toda esa gente amontonada en tres cuartitos. Chencho era chalán de un maestro albañil, era un tipo rudo, duro, simplón, con delirios de grandeza, que en las briagas de los albañiles siempre se las daba de jefe, de líder, de el más sácale punta.
¿Qué van a hacer Mary, sus hijos y sus nietos? ¿A dónde  se van a ir, quién los va aceptar, con qué pagarían una casa, cómo sacarían para la renta, cómo iban a perder su propiedad, por qué razón? Los insomnios le pegaban duro a doña Mary. Sus hijos le decían: no les hagas caso, no los peles. Pero ella no podía dejar de preocuparse. ¿No habría alguna forma de que aquello terminara, de que esa mujer, la Chivis, cambiara su actitud, por qué Dios no escuchaba sus súplicas?
En sus noches de insomnio, Mary soñaba que andaba con un tipo, no era don Luis, quién sabe quién era, su rostro no le era conocido. Andaban en el campo, en la ciudad, camine y camine, sin rumbo ni dirección. El tipo no la tocaba ni le hablaba ni la  acariciaba, sólo andaba con ella, siempre por delante, ella siguiéndolo. Cuando mucho la arrastraba de la mano. Mary no se explicaba por qué tenía esos sueños, y no se los contaba absolutamente a nadie, y menos como estaba la situación. No fuera a ser que lo agarraran de pretexto para todas sus inquinas.  En sus sueños ella se miraba bien, su cuerpo no estaba ni flaco ni seco, tenía buenas formas de mujer, las que tuvo cuando joven, pero esos sólo eran sueños, quimeras. Cuando el despertador sonaba al amanecer,  la triste realidad la invadía otra vez. ¿Por qué no podía ver con claridad, existiría alguna salida?

miércoles, 17 de enero de 2018

Las lagrimas de Eros

Las lágrimas de Eros
Este libro  puede decirse que nació el 24 de julio de 1959, fecha en que Georges Bataille le puso nombre. Se trata de una especie de conclusión de los temas que fueron importantes en su obra. En Las lágrimas de Eros, Bataille hace válido el viejo adagio al que fue fiel Paul Valéry: una imagen vale más que mil palabras. El poder de una imagen rebasa con mucho todos los esfuerzos de un escritor por describir algún suceso. Bataille retoma, como asunto personal, el enorme dilema al que están sometidos todos los humanos: el erotismo, como fuente vital, y la muerte, como un final sin posibilidad de evasión. Diversos autores a lo largo de los siglos han cavilado de muchas formas abordando estos temas inherentes a la cultura, a la historia. No hay salida, sólo la posibilidad de la descripción, de la narración, del mito, de la anécdota, y en éstas encuentra el artista, el ensayista, un poco de consuelo o de satisfacción.
El sentimiento y la conciencia de la muerte marca todos nuestro pasos. La alegría del amor y del erotismo como un esperanza, una realidad, que aunque pasajera, llena con plenitud el vacío del final. El que ama, el que está envuelto en la satisfacción voluptuosa del placer, puede decir que ha vivido, que ha valido la pena a pesar de lo que venga, que probó el infinito.
Si la reflexión acerca de la relación entre erotismo y muerte nos lleva un conocimiento mayor de uno mismo, el anhelo de Bataille se verá colmado. Si la lectura de este libro nos lleva a vivir una vida más plena y consciente sabiendo que ésta tendrá un final, habrá valido la pena la existencia de este ensayo. Si su lectura nos lleva a un disfrute mayor del amor en todas sus dimensiones, pero especialmente en lo relativo a lo sexual y a lo erótico,  habrá iluminado las zonas de desesperanza que, unos más,  otros menos, padecen en sus vidas cotidianas.
Esto abre la posibilidad de vislumbrar y de vivir una vida más plena, fecunda, consciente. Actualmente, es común encontrar en las redes sociales llamados desesperados de quienes buscan amor, de quienes no han sido tocados ni  por la vara de Eros ni por las flechas de Cupido. Y así,  exhiben sus cuerpos, más mujeres que hombres,  en una especie de catálogo virtual, para que los vean, para ver si alguien pica el anzuelo, si alguien se interesa. Es legítimo, pero también triste. ¿Es acaso suerte, destino, karma?  No hay recetas ni todo está sometido a los cánones ofíciales del reino de la belleza. Hay mujeres poco agraciadas casadas con hombres guapos, y hombres feos casados con mujeres hermosas.  Y más allá de lo establecido es verdad que si a ti  te parece bella esa mujer o guapo ese hombre, es porque simplemente así es,  y podrán disfrutarse a plenitud. El mito de la Bella y la Bestia ha dado cuenta de ello. Y acaso también Frankenstein, aunque ahí sólo se trata de amistad, y no de amor erótico.
Quien prueba el amor de forma erótica, ha probado un trozo de la eternidad, ha retado al tiempo y al espacio. Lleva consigo mismo un pedazo de vida, del universo. La vida plena le puede ayudar a entender la muerte, e incluso, de alguna manera, a superarla. El amor a sí mismo es vasto, vital, pero el amor al otro es la plenitud. Tocarse, desearse, mirarse, besarse, cubrirse, penetrarse, puede representar la revelación total acerca de qué es la vida humana. Es la gran oportunidad: el ejercicio de la acción poética, espiritualizar al cosmos.
Seres conscientes, que abren la gran oportunidad de cara al universo. El infierno o el cielo están en sus manos, la muerte y el terror, o el amor y la creatividad. Cada quien decide. Eros y/o Tánatos. Y entre ellos, claro, la contradicción. Nada es totalmente blanco o negro, existe en medio toda una gama de valores. Señala Bataille en el Prefacio “Pero por encima de la precisión histórica, nunca olvidamos este principio: una de dos, o lo que nos obsesiona es, en principio, lo que el deseo y la ardiente pasión nos sugieren; o tenemos la razonable preocupación de un futuro mejor. Parece ser que existe un termino medio”. (p. 35) Pero en seguida agrega que el primer paso conseguido con este libro es: “¡Llevarnos a olvidar las nimiedades de la razón!”
Dicha gama de valores está plasmada en el arte, como lo señala Bataille, a lo largo de toda la historia de la creación humana. De ahí que una imagen hable más que mil palabras. Señala Román Gubern en su libro Del bisonte a la realidad virtual que “…la imagen es un producto social e histórico…” y que “La pulsión icónica surge de la necesidad de otorgar sentido a lo informe, de dotar de orden al desorden…”.
El libro viene profusamente ilustrado con imágenes de obras que van desde la prehistoria, hasta el arte contemporáneo. La iconografía la trabajó  Bataille  con J.M. Lo Duca, y muestra  lo que intenta todo el arte que ha abordado el tema del erotismo y la muerte: dejar al menos una estela de terror, poesía o amor a su paso por el mundo. Decidimos y creamos, en principio, para la propia satisfacción, para saber que se intentó ser un testigo crítico. Y en seguida, para dejar  un legado para los demás, una herencia, un ejemplo, un fortalecimiento, un camino para la familia, amigos, compañeros. Un viaje órfico al hades, capaz de iluminar con cánticos sublimes la más profunda oscuridad.
El abanico de posibilidades de la vida contiene de todo, dolor, alegría,  sufrimiento, placer, éxtasis,  martirio, vida, muerte. Cada uno en su lugar y muchas veces entremezclados. La aceptación y el desapego son la clave de toda vivencia. Hablarlo es fácil, pero requiere de un trabajo continuo,  consciente y muchas veces doloroso. Para Bataille el dolor es el intermediario entre la vida y la muerte.
Esta búsqueda del amor y del sexo como puertas a la inmortalidad del presente,  están desde el principio de la historia humana como tal. Mínimo desde la época del Hombre de  Neanderthal, en el Paleolítico superior. Amor y sexo han evolucionado desde lo más elemental y brusco, hasta lo más fino y extático. El tao del sexo, y el tantra sexual, son dos ejemplos históricos de ese desarrollo. Orgasmo, risa, espiritualidad, alegría, son nuestras herramientas para enfrentar a Tánatos. Respecto a la risa y el orgasmo como formas de desarrollar la conciencia, ha señalado Guillermo Sheridan en su  artículo publicado en la revista Letras Libres (diciembre 2017), que leyendo el Cakrasamvara Tantra. The discourse of Sri Heruka que tradujo y editó el erudito David B. Gray, ahí encontró la relación tan cercana y vital que existe entre la risa y el orgasmo: “la emergencia de la risa-gnosis en un arrebato de dicha natural”.
Es por todas estas circunstancias  que el libro de Georges Bataille se titula Las lágrimas de Eros, porque en él aborda, a partir del arte de todos los tiempos, la pulsión de la muerte, como llanto,  y la pulsión de la vida, como Eros.
En muchas líneas de este texto asombroso se percibe una decepción que raya en el pesimismo. Hay que tener en cuenta que este libro fue escrito cuando Bataille pasaba por graves problemas de salud y tremendas depresiones, que sumadas al talante oscuro del autor le dan ese aire a veces un tanto siniestro. Sin embargo, el lector siempre aporta cuando lee, y quien quiera llevarse la luminosidad que subyace en el texto podrá sin duda lograrlo.
Ni sólo ardiente pasión turbadora, ni vida sin el recurso de la razón.  El orgasmo y la risa orgásmica, son el potencial que poseemos para enfrentar el vacío. Nos dan un espacio pequeño, pero enorme,  de comprensión de la vida. Hay quienes aseguran que del orgasmo surgió la meditación. Tal es su rango, la conciencia absoluta del presente, del aquí y del ahora, aunque partiendo de una pérdida momentánea de la noción del tiempo y el espacio. El big bang que cada orgasmo supone, la armonía entre lo carnal y lo espiritual, la superación de lo que se supone antitético.
Las lágrimas de Eros, Georges Bataille. Ed. Tusquets. 1ª ed. México 2013


Alfonso Franco Tiscareño
Para Vitral, en el suplemento Barroco. Diario de Querétaro
https://escritosdeaft.blogspot.com
11 enero 2018


jueves, 28 de diciembre de 2017

Roberto Bolaño, el ladrón de libros III/III

III / III

Es definitivo, estas reflexiones no deben llevar por ningún motivo a la chabacanería de pretender que entonces es legítimo robar libros si después se trae el título profesional que avale el ilícito, pero sin duda sí se pueden extraer preguntas e ideas sobre qué hacer ante los ladrones de libros, los farderos.
¿Cómo podría aprobar la acción de robar libros cuando he sido víctima de este acto? He invitado gente a casa y después he descubierto con tristeza y coraje que alguno de mis libros más amados había desaparecido. ¿Cómo podría aprobar este robo cuando detesto ese dicho de "es más tonto el que presta un libro que el que lo devuelve"? También está el argumento  cínico y corruptor de "otros roban legalmente, los capitalistas roban, el librero te roba en el precio, si yo robo, soy menos delincuente". Existe hasta un "Breve manual para robar libros y no sentir remordimiento”, que incluye nociones "éticas" para desarrollar con fineza esta actividad.
Seguro que hay muchos robertos bolaño circulando por ahí; seguro que hay estudiantes que cumplirían la promesa de entregar el título si fueran apoyados fuertemente para que pudieran estudiar al más alto nivel; segurísimo que habría miles de lectores más si los precios de los libros fueran más accesibles. El impacto sobre la vida social sería notable. Así que tenemos dos vías: exhibir a los farderos en carteles a la entrada de las librerías, o apoyar a los que quieren leer y no pueden comprar muchos libros, menos los más costosos. Cierto que hay quienes roban por la pura maldad o por delirios enfermizos, pero estos son otro caso.
La primera opción habla de una sociedad enferma, que vigila y castiga sin piedad, fríamente; la segunda opción, opta por una política más integral, más civilizada, más humana, que no solapa el delito, pero busca también diseñar acciones solidarias para desalentarlo. Las cárceles están atascadas, hay muchos  presos inocentes, y además, en México, revuelven a los que cometen delitos menores con criminales que han cometido delitos espeluznantes. Un ladrón de libros merece una rehabilitación por otras vías, que vayan más allá del aplastamiento social y moral del fardero, sin que deba padecer esta nueva forma de suplicio.
Todo esto es más que una simple anécdota acerca de un cartelito parapoliciaco pegado en la entrada de una librería. Es una crítica que cuestiona al poder que se gesta desde las acciones cotidianas. No hay nada que no sea relevante y que no esté construyendo a cada instante la forma en que vivimos. Volviendo a Foucault, podemos hablar de una microfísica del poder. El poder que se gesta desde los rincones menos pensados, pero también los factores desde los que podemos actuar para construir espacios diferentes. Si somos capaces de reconstruir las relaciones sociales a partir de los espacios pequeños en que nos relacionamos, entonces, esto tendrá una repercusión en las relaciones macro sociales. Si somos capaces de cuestionar y reconstruir esos pequeños espacios, estaremos reanimando el tejido social en que nos movemos. Si reconsideramos todos estos factores puede gestarse un nuevo mundo construido desde todas partes, desde cada lugar que habitemos.
Ese cartel, con los retratos de los farderos, debe desaparecer. En la evolución histórica de los métodos de castigo, la pena corporal ha evolucionado hasta la penalidad del alma, ésta actúa "en profundidad sobre el corazón, el pensamiento, la voluntad...", señala Foucault.  Y ese es el papel social que juega ese cartel colocado donde está. Se trata, según nuestra hipótesis, de un abuso del poder sobre la persona, sobre el cuerpo, además de tratarse de casos que no han sido juzgados. Se les presenta como condenados y esto es también un acto ilegal.  Se busca la justicia por propia mano y se comete una ilegalidad.
La administración de la librería dirá: "hay que exhibirlos, ese es su castigo", pero todo castigo y modelos punitivos, vienen de la ideología y producen ideología. Ese cuerpo fardérico, expuesto en una fotografía produce y reproduce al poder más allá de la consigna moral acerca del bien y del mal.
Bajo ningún principio es justificable el robo, pero igualmente, bajo ningún principio es justificable la explotación y la ignorancia ni el precio inalcanzable de los libros. El ignorante no tiene saber, y si no tiene saber no tiene poder.  Sí, se castiga al fardero, pero se castiga también el derecho al saber, el acceso a los libros. Y se castiga también al que entra honestamente a buscar o comprar un libro a la librería.
Los libros que me interesan cuestan entre 7 y 12 días de salario mínimo. Y, o como o compro libros; o sostengo mis necesidades básicas o leo. ¿y acaso leer no es una necesidad básica? Métete a una librería, y si vas seguido te darás cuenta de que en los pasillos, entre los estantes, no hay obreros ni campesinos, no hay pobres. Es una manifestación del poder encarnado hirviendo en vivo en la realidad. ¿Quién lee? ¿quién puede leer? ¿para qué libros le alcanza?
Al aplastar a un fardero, se aplasta también al que quiere leer; al exhibir a un ladrón de libros, se exhibe también al jodido que cree que tiene derecho a la lectura de ediciones caras y de calidad. Éstas están destinadas a una élite que nunca será retratada para su exhibición a la entrada de una librería. De muchos de ellos habría que averiguar cómo adquirieron su capital, pero de eso mejor ni hablar. Generalmente, la riqueza viene de la explotación del trabajo de los demás, de la apropiación de la plusvalía. Pero el diseño de la sociedad capitalista hace parecer a estos "apropiadores" como grandes emprendedores. No saldrán retratados como ladrones. El fardero, en cambio, tendrá que poner la cara que pueda al momento de ser retratado para la fotografía de la ignominia, puede estar cabizbajo o fingir desprecio, pero su foto será colgada para su vergüenza y castigo. Y detrás de su cuerpo está el miedo producido por los efectos del panoptismo, de hecho estará en todos los que entren a la librería: "no te atrevas".
Cierto, en el fardero algo camina mal, su baja moral, sus miles de excusas para justificar lo inexcusable. Y en esa relación perversa se gesta también el poder establecido, que nace desde abajo, que se produce y se nutre a diario como una cabeza de hidra inacabable. ¿Hay soluciones? Sí. Una distribución más justa y equitativa de la riqueza; combatir la explotación sin medida de los trabajadores, pero esto va para largo. Una muy buena medida, sería montar un programa de creación de bibliotecas, pero eso cuesta mucho dinero. De dónde va salir. Toda biblioteca es valiosa por los muchos o pocos libros que posea, pero no toda biblioteca es poderosa ni todas las que hay están actualizadas. Conocemos bibliotecas de facultades y de universidades, verdaderamente enclenques. Cuando menos por ahora, las bibliotecas no son la solución. Además, entre los que trabajan, ¿quién tiene tiempo de ir a la biblioteca? Cada vez más, entre el trabajo y el transporte, transcurren las horas de los trabajadores, y el tiempo sobrante apenas es para reponerse. Y así, la maquinaria del sistema sigue avanzando y aplastando.
https://www.diariodequeretaro.com.mx/local/barroco/roberto-bolano-el-ladron-de-libros-450641.html  

Roberto Bolaño, el ladrón de libros I / III

I / III
¿Qué es una librería? Para mí es un lugar de paseo, de salud mental, de alegría.  Lo digo en serio, tiro por viaje me voy a mis librerías favoritas lleno de entusiasmo a buscar algo en específico, o para vivir esa emoción de ver qué encuentro, qué me coloca enfrente el azar, la coincidencia, el destino. Es uno de los placeres más reconfortantes, de los más sublimes. Pasear en medio de esos bosques de conocimiento y sabiduría, caminar entre los estantes llenos de árboles y jardines perfumados de ideas, de filosofía, de historias, de poesía, de relatos, de cuentos, de verdades, es una de las mejores experiencias.
Por eso mismo, que triste y lamentable se me hace una vivencia que acabo de tener en una de mis librerías amadas, cuyo nombre me reservaré. Tengo décadas de asistir a esta casa, pero ahora, quizá producto del tiempo y las circunstancias en que estamos viviendo, y seguramente debido a estar padeciendo mucho robo de libros, el negocio ha establecido una política de vigilancia que es comprensible, eficaz, dura, pero que está rayando en lo siniestro. Un montón de cámaras te observan, puedes ver sus ojos mecánicos como de peces muertos. Sabes que hay alguien detrás, del otro lado, cuidando, acechando tus movimientos. Tienen también muchos vigilantes a nivel de piso, todos intercomunicándose, cual si estuvieran en un operativo estratégico, clave tras clave, números secretos, y entre su jerigonza de pronto distingues alguna palabra humana, alguna pista reconocible, una de suéter rojo, una muchacha que camina ¿un 38? ¿54, 54? Y por si fuera poco, en la mera entrada de la sucursal a la que más asisto, colocaron un cartel, protegido por una lámina plástica, con los retratos de los farderos, ladrones de libros, a los que han atrapado in fraganti. Posan ahí, en una triste foto, algunos compungidos, otros cínicos, sosteniendo los libros que pretendían robarse. Un letrero señala, otra vez, brutalmente: "Farderos. Los siguientes individuos han sido sorprendidos robando en la librería". Y ahí están las caras y los cuerpos sombríos, delincuenciales, tristes, apagados unos, altivos otros, retadores, de todo hay.
"...inducir en el detenido un estado consciente y permanente de visibilidad
que garantiza el funcionamiento automático del poder"  
Michael Foucault.
 Pero, me pregunto, ¿esa es la forma de recibir a un cliente de hace casi 40 años, que ilusionado, exaltado, viene a buscar, a comprar un libro? ¿o es que para la gerencia todo el que entra es un posible ratero, un presunto culpable? ¿por unos pagan todos? Quizá a otros "clientes" no les interese este detalle, pero a mí me molesta enormemente. Creo que bastaría con un letrero a la entrada, o en diferentes lugares clave del establecimiento, con un texto fino, respetuoso, a la altura de lo que es una librería, que corresponda a su esencia. Quizá podría decir más o menos, como en otros lugares he visto: "Este lugar está vigilado con los mecanismos más modernos, para su seguridad". Pueden decir que es un eufemismo, pero en todo caso es uno que no ofende, que no atraviesa la dignidad del buscador. Creo que un texto así sería suficientemente disuasivo y convincente. También podría haber imágenes con una figura que parece esconderse un libro acompañado de la clásica señal de  no; que sumado a la presencia de los vigilantes y las cámaras de seguridad, sería suficiente.
¿Es necesario colocar ese horrible cartel con las fotografías de los farderos justo a la entrada? Creo que este acto de la administración o de la gerencia se inscribe también en otra política, y ésta obedece a la etapa delincuencial y criminal por la que México atraviesa. El terror magnifica, el miedo vence, el poder agandalla, se sublima, abusa.
Ese cartel con las fotos de los farderos funciona como una especie  de panóptico, como una variante que dice: "te estoy vigilando, te estoy mirando, no te atrevas", pero no sólo eso, sino que es el ejercicio del poder en pleno. Ojo, no justifico  para nada y por ningún motivo el robo de libros, de entrada dejo clara mi posición. Lo que cuestiono es si la política de la empresa es la correcta para una librería, y si, además, se trata de un ejercicio abusivo y significativo del poder, un desborde, un excedente para que aparte de todo sepas quién manda y quién puede hacerte pedazos, miserable ratero. No eres nada, eres una pulga, no mereces compasión ni respeto.
Me pregunto también si la administración de la librería no está transgrediendo la ley al exhibir a alguien que no ha sido juzgado ni condenado por un tribunal  ni declarado culpable. ¿Que no debe pasar primero el caso a manos de las autoridades? Quizá los administradores digan: "lo agarramos in fraganti, con las manos en la masa y debe ser exhibido", pero, ¿es violando la ley, como se cumple la ley?
Como lo señala Jeremy Bentham en su obra El panóptico, de 1780: "...la industria vigorizada...todo gracias a una simple idea arquitectónica" , en este caso gracias a un simple cartel a la entrada mostrando a los farderos capturados. Una especie de conciencia flotante que te avisa: "te podemos atrapar ladrón de libros, y te exhibiremos, será tu castigo, así que ni lo intentes". Una dosis de moral radical para todos los que entren alegremente. Siguiendo a Bentham, ¿así se fortalece la industria librera?
Del concepto de panóptico de Bentham ha devenido el de panoptismo, que como señala Gilles Deleuze, citando a Foucault: "La fórmula abstracta del panoptismo no es 'ver sin ser visto', sino 'imponer una conducta cualquiera a una multiplicidad humana cualquiera'" . Y eso es lo que pretende ese cartel: es un "invitación" vulgar, agresiva, ofensiva, grosera, para todo el que entre, y pretende imponerle una conducta por la vía más abusiva. Es panoptismo porque exponen las fotografías, las colocan a la entrada, en donde todo el que entre no sólo las vea, sino que sea "visto" también por esas fotos. Así ejerce su efecto panóptico: el que puede ver a todos en todo momento. Todos ven a los farderos, pero ellos no saben quién los ha visto.
Aunque algunos autores, como Byung-Chul Han (La sociedad de la transparencia), piensan que el modelo foucaultiano del panóptico está superado, creemos que no es así. Los modelos no desaparecen abruptamente, subsisten, aún cuando pudieran estar en proceso de extinción, mezclándose, traslapándose con los nuevos procesos, como en este caso. (Continuará)

Ya dame una buena Navidad


Ya dame una buena Navidad, me la merezco. Cierto, uno no debe depender de nadie, pero igual de cierto es que vivimos interrelacionados, influyéndonos, compartiendo la vida. Ya dame una buena Navidad. Ya estoy hasta el gorro, cada que se acercan estas fechas para mí es un suplicio más que una alegría. Todo es una mascarada de buenos deseos, pero todo es falso. Tu risa es falsa, tus palabras también, tus regalos. Cambiaría todo por un poco de paz y tranquilidad.
Pero es una ilusión  falsa, porque sé que ese día llegarás al caer la tarde, diciendo  “carajo, hasta el 24 tengo que trabajar”, y ya vendrás a medios chiles porque fue el brindis en la oficina, salieron temprano y de ahí te fuiste a la cantina a tomar una copas con tus amigos. Qué bien, pero qué mal. Ya me sé el numerito. Vendrás bien alegre, amable, incluso hasta un poco cariñoso. Pondrás unos cd's en el aparato y cantarás. Quizá luego me acompañes al super a comprar algunos detalles que faltaron para la cena, o algún detalle o regalito.

Ya en el camino empezará el primer reclamo o la primera discusión. Se me olvidarán las llaves de la casa, y ahí empezará la agresividad. Eres una pendeja, siempre es lo mismo, pues que no tienes memoria o estás tarada. Cuántas veces me has dicho así. Es tu deporte favorito.  Sí, es verdad, soy muy distraída. Sí, es verdad, debo corregirme. Si, es verdad, eso nos trae muchos problemas, pero ¿sólo por eso merezco ese trato? No, discúlpame, aquí hay mas fondo. Yo siento que tú me tienes como un coraje,  un reproche, un resentimiento, y es por eso que siempre me estás tratando mal. Siempre estás diciendo e imaginando cómo hubiera sido tu vida si te hubieras casado con Jacqueline y no conmigo. Exacto, que cómo hubiera sido tu vida con Jacquie, que Jacquie esto que Jacquie lo otro.
Vives un mundo ficticio, no tienes las patas puestas en la realidad. ¿Qué aún no te has dado cuenta de que vives conmigo? ¿De que tiene hijos conmigo? Estás lleno de frustración, de amargura. Eres un fracasado, y yo por tonta, he venido a soportar y a pagar por tu enorme amargura.  ¿Que crees que yo no tuve novios, amores , aventuras?  ¿Qué ganaría yo con estártelos embarrando y hablándote de la felicidad que pude haber vivido con otros? Pero no soy así, estoy aquí y ahora, contigo, con mis hijos. Este es mi presente.
Y ha de ser por eso que en tus infinitas briagas siempre estás jode y jode con lo mismo. Por eso te digo:¿ por qué no te largas y nos dejas en paz? ¿ Por qué no te vas a vivir la vida que deseas y nos dejas de estar jodiendo?  Y si decides quedarte ¿por qué no nos aceptas como somos y nos dedicamos a construir la vida lo mejor que podamos? Pero no, siempre con esas falsedades y esas conductas infernales. Por eso no quiero que llegue la navidad, porque sé que todo será falso, una engañifa, una puesta en escena, una mala representación teatral. 
¿Dónde quedó el espíritu navideño? Las tiendas y almacenes ya están desde septiembre promoviendo la navidad, y los dueños frotándose las manos con las ganancias que obtendrán. Mucha música de música de fondo, mucho villancico, uno tras otro reproducidos hasta el hartazgo, hasta la saciedad, hasta el embrutecimiento, hasta la insensibilización. Esas letras navideñas ya no significan nada para nadie, ya a nadie le importan. Por cierto, recuerdo también cuando hace un par de años, ya en pleno día de la navidad, reunidos con el resto de tu familia, les propuse que cantáramos unos villancicos, y qué dijeron tú y tus hermanos, se burlaron de mí. Lo menos que me dijeron fue fresa, boba, mocha. De fondo sonaban narco corridos que tus parientes cantaban alegremente. Canciones ofensivas donde las mujeres son viles objetos y abunda la apología de la violencia.  Así que mi propuesta era una confrontación, un reto, otra dimensión. No era posible que  personas embriagadas que cantaban puras cosas violentas aceptaran cantar simples y reveladoras canciones de amor y paz como los villancicos.
¿Te acuerdas o no te acuerdas? Entonces, ¿qué clase de Navidad quieres tú? Una donde el mensaje del nacimiento de  Cristo no importa para nada. “No seas estúpida”,  me has dicho burlándote. Mientras, yo acá en secreto les cuento a mis tres hijos la version que tengo de la navidad. Ellos, que aún son chicos, me escuchan quizá sin entender bien a bien de qué les estoy hablando exactamente.  Y luego van y ven el ejemplo que tu familia les da y quedan todos confundidos.  ¿Ya pensaste en eso? ¿Ya lo reflexionaste aunque sea un poco?
Por todo ello es que no me da alegría que llegue la navidad. Al menos como fiesta familiar. Sé que todo será briaga, pleitos , habladas, presunción. Sé perfectamente como será la escena, y no adivino, cada año se repite en forma aburrida e infame. Se escucharán risotadas falsas producto del exceso de alcohol,  habrá discusiones y pleitos con y entre cuñadas, llanto, gritos a media calle, persecuciones. Si la cosa se pone muy caliente, hasta golpes.  Y para todo el año que entra unos no se hablaban con otros, se echarán habladas, y se meterán el pie si pueden. Y ya acercándose la navidad siguiente, como que se hablarán, volverán a planear la nueva cena, quizá hasta medie alguna sonrisa entre  ellos.
 Y yo me pregunto, ¿para qué todo esto?  Esta cadena de sucesos que me resultan despreciables. Palabra que yo preferiría ser feliz quedándome en un cuarto, sola, con mis hijos, con un pollo rostizado, una lata de frijoles y un refresco de cola, pero felices, tranquilos, cantando un villancico, destapando regalos, arrullando al Niño Dios, abrazándonos con sinceridad y celebrando el nacimiento del niño Jesús y todo lo que ello significa.
Y no es que me conforme, a ti te consta. Cuántas veces te he pedido que hablemos calmados, y cuántas veces me has mandado a volar, diciéndome que tú no tienes nada de qué hablar. Cuántas veces te he dicho: mira Pedro,  tú tiene un problema de alcoholismo,  porqué no te atiendes,  porqué no vas a un grupo de alcohólicos anónimos, si quieres vamos, te acompaño. Y qué me has gritoneado: “tú no eres nadie para decirme eso, tú no eres nadie. Yo no soy alcohólico, borracho el teporocho que se queda tirado en la calle. Yo trabajo, yo produzco, en  cambio tú, qué aportas,  nada.”
Así que nadie puede acusarme de no haberlo intentado, y todo porque te quiero, o te quise. Ya no sé. La gente cambia, y hasta el amor más grande puede terminarse. Sólo he sido un objeto para ti. Cuando fui bonita era para que me presumieras. Cuando me fui haciendo grande, porque para ti tener 30 años ya es estar vieja, pase al olvido, a las burlas, a los ataques. Así que de qué Navidad me hablas, déjame en paz. Hoy no iré a tu casa, Sí, ya sé a lo que me expongo. Quizá hasta me pegues. Y sé también que no me la acabaré con las críticas de tu familia, pero no me importa, estoy decidida a pagar cualquier precio por un poco de paz para mí y para mis hijos.
Sólo te digo una cosa, que como todo esto ya lo tenía pensado porque ya estoy harta de ti, he dejado a tres de mis primos una copia de esta carta que te dejo sobre el buró de nuestra recámara. Ni modo, no me agrada que se enteren de tantas intimidades, pero de cualquier forma lo saben, lo intuyen, lo sospechan, lo han escuchado. Y saben que si me pasa cualquier cosa, el responsable eres tú. De todas formas, te deseo lo mejor, y yo sí, de corazón, te deseo una Feliz Navidad.

  Barbie ¿feminista?    II/ II El monólogo de la señora Gloria prosigue diciendo: “ Es literalmente imposible ser mujer. Eres muy hermosa y ...