viernes, 14 de mayo de 2021

 

Rabbits, de David Lynch. Una metáfora sobre el vacío

                                                          Para Tatiana del Río

En un ambiente como de estudio de televisión o foro teatral se encuentran tres conejos -un macho y dos hembras-, de nombres Jack, Suzie, ataviada con un vestido, y Jane, que trae puesta una bata de baño. Con risas ambientales como en una sitcom (acrónimo de situation comedy), pero con diálogos inconexos, los conejos        -igual que muchos seres humanos-, hablan en el vacío, sin respuestas,  cada uno en su soliloquio. Otra vez David Lynch parte desde el absurdo, lo onírico, lo no asociativo, con metáforas de ciertas realidades del mundo humano, pero que tienen origen en el inconsciente, en lo más profundo del alma, ahí donde habitan los arquetipos, los sueños y las pesadillas.

Rabbits es de esas obras que ameritan un análisis freudiano, y que buscan abrirle las puertas al inconsciente, o penetrar en él para ventilar sus contenidos. Se trata de la relación entre el consciente y el inconsciente. Trabajos como el de Lynch sacan a la luz esos nexos, no es fácil, no lo hace explícito, quién sabe si incluso esa sea su intención.

Rabbits tiene todo el corte de un sueño, o pesadilla. Y así como en los sueños, aquí se pasa de una situación a otra, sin necesariamente estar conectadas. Tampoco las palabras obedecen a un discurso lineal. Cuando los conejos de Lynch aparentemente hablan entre ellos tratan temas sin ligazón, estamos en un sueño que une y confronta dos esferas de la psique.

¿Qué buscaría o qué lograría con esto, Lynch? Quizá llegar a lo que Carl Jung, otro psicoanalista importante, llamó individuación, es decir, hacer consciente lo inconsciente para así llegar a conformar un humano íntegro, aquel que ha logrado realizar una síntesis de sus estados psíquicos, lo cual que se reflejaría en su accionar en el mundo. Define Carl Jung en su libro Tipos Psicológicos que la individuación es “el proceso por el que se constituye y singulariza el individuo, y en particular el proceso por el que se desarrolla el individuo psicológico como una entidad diferente de lo general, de la psicología colectiva”.

El punto es clave porque muchos autores consideran al inconsciente como el lugar de donde pueden brotar las ideas más originales y sorprendentes. ¿Será que Lynch intenta despertar el inconsciente, traerlo a la luz? Cuántos artistas, inventores y creadores han encontrado en los sueños -terreno del inconsciente-, respuestas a sus búsquedas e inquietudes. Baste con citar algunos casos: la máquina de coser, la tabla periódica,  la estructura de átomo, la insulina y el algoritmo de Google fueron concebidos en sueños. Se afirma también que una canción de culto como  California dreamin’, vino al compositor John Phillips en un sueño.

El inconsciente nos puede revelar mucho más de lo que creemos. Es el caso de Larry Page, fundador de Google, que “Durante un discurso de graduación pronunciado en 2009 en la Universidad de Michigan … recordó y subrayó la importancia de haber apuntado su sueño y utilizado dicho material extraído de su subconsciente para generar hoy su popular algoritmo, responsable de alimentar el motor de búsqueda de Google. “Cuando aparece un gran sueño, atrápalo”, decía el cofundador de la compañía de Mountain View.”

En la puesta en escena de Rabbits se escuchan aplausos y risas que coinciden con la aparición de los conejos en determinado momento o en algunos de sus diálogos, si es que se les puede llamar así. Y como en algún programa de televisión malo uno se pregunta porqué entraron esas risas o esos aplausos en un momento en el que uno siente que no van bien, o no quedan o suenan exagerados, fuera de lugar.

Ah, y esas voces pesadillescas donde la voz se atora, se deforma y sale con dificultad. El plano cinematográfico es el mismo siempre, un long shot que mantiene en lejanía permanente al espectador. No te puedes acercar, no hay intimidad, no hay close ups, ni siquiera full shots. No hay forma de ver expresiones, mucho menos tomas de detalle. Esa incapacidad de acercarse tiene un impacto psicológico en el espectador, y forma parte de la extraña desesperación que produce la película. 

También saltan a la vista las influencias de los recursos teatrales: la escena en un plano único, el desplazamiento de los personajes, el manejo del timing cuando aparecen a cuadro los conejos para recibir los aplausos de un público mecánico y grabado. Encontramos recursos operísticos, como cuando la coneja Suzie, la del vestido, “canta” una especie de aria y recibe los aplausos del respetable. A pesar de todo lo absurdo de la trama, el diálogo más relevante se lleva a cabo entre los personajes y el público artificial. Esta es una paradoja que resulta muy interesante y digna de indagar.

Afuera llueve sin parar y se escucha algo parecido a el ulular de las sirenas o del viento. La lluvia, por lo general, se asocia a estados melancólicos, tristes, nostálgicos. Un estado de lluvia permanente crea un estado de ánimo decaído, no se puede salir con comodidad, no hay sol, no hay calor, hay frío, humedad. Y es de noche, lo cual agrava más el clima atmosférico, pero sobre todo el psicológico.

El conejo macho también tiene un monólogo teatral, con un misterioso Om, y palabras que señalan abismos interiores. Pero, ¿qué hay en la habitación de atrás a donde solamente va la coneja Jane? ¿A qué sale al exterior el conejo Jack? ¿Son del hombre del abrigo verde los pasos que se escuchan varias veces afuera? ¿Para quién plancha la ropa Jane? ¿A quién le hablan? ¿Qué es esa especie de ojo de fuego que aparece en la pared de atrás y que coincide cuando declaman sus monólogos? No, estos no son los conejos carroñeros del cuento de Leonora Carrington tituladoen lo que señala David Lynch: hay un campo unificado que une todo. No olvidemos que antes que nada Lynch es un hombre que ama la meditación y la considera prioridad en su vida.

¿Qué es lo que liga a estos diálogos aparentemente inconexos?  Ya al final, cuando la puerta se abre sola en medio de un grito espeluznante, no hay nada, no entra nadie, no pasa nada. Quizá sólo fue el hombre del abrigo verde. O nada, simplemente la nada, la cual es el origen de todo y el principio más antiguo de la posibilidad de individuación, de realización … quizá.

 

Alfonso Franco Tiscareño

Para Vitral, en el suplemento Barroco. Diario de Querétaro

21 de abril del 2021

https://www.diariodequeretaro.com.mx/cultura/rabbits-de-david-lynch.-una-metafora-sobre-el-vacio-6652502.html

Manzana rica Bienamada

 

Manzana rica 🍎 Bienamada

Para

 

Carne de manzana rica

celosia cenital

¿De dónde vienes?

¿Qué fuerzas te impulsaron?

 

¿Recorres los caminos secretos

del destino, o asomas

por órdenes sagradas, superiores,

al valle de los vivos?

 

La ilusión te acompaña

también las musas

encuentros fortuitos

y palabras sacrosantas.

 

 

Todo es secundario

lo que importa es que

te estás gestando

justo en este instante.

 

 

En ese vientre está sucediendo

una vez más, en vivo,

el milagro sempiterno

de la vida.

 

 

Cadenas vitales

se conforman a ritmos

sorprendentes dando luz

a tu ser concebido en el Reino.

 

 

La nada y el vacío

han decidido formar tu ser,

el soplo del eterno te da forma

la luz palpita en tus sinapsis.

 

Haznos ver que el mundo

siempre se renueva,

siembra claridad

en mentes,  corazones.

 

 

Ave acuática, jugadora en el tiempo

alegría en botón resplandeciente

perfume etéreo de la risa del  viento

Bienamada.

 

 

 

Alfonso Franco Tiscareño

Para Vitral, en el suplemento Barroco. Diario de Querétaro

28 de abril del 2021

https://www.diariodequeretaro.com.mx/cultura/un-hombre-se-levanta-6704039.html?fbclid=IwAR1qXld7va0UBfb9PngatheIEyvjp-PnNAftw28fbJO0nUxzWfFfbjwQNGE 

 

 

Un hombre se levanta

 

Un hombre se levanta

Vi a un hombre pararse muy temprano, a las 5.30 a.m., para irse a trabajar. Quizá era un carpintero, un albañil, un obrero, morral sobre sus hombros y firmeza al andar. Frisaba los sesenta años, toda una vida enriqueciendo a otros. Debía caminar como un kilómetro para llegar al microbús que lo transportaría, y luego a transbordar al metro.  Ya arriba de estos transportes, sería amenazado por el miedo a los asaltos, sin remedio y cotidianos, contra los pasajeros. Se la juega también en la línea 12, disque “dorada”,  esa que traquetea y se cimbra por todos lados. El otro día hasta los bajaron del tren para que se salieran caminando por el túnel. Y así, entre atracos y peligros, pasa un día sí y otro también en las mismas angustias.

Por ahí de las 6 de la mañana, muy temprano, desayuna un huevito con frijoles y tortillas, para tener fuerza. No tiene dinero para comer en la calle. Y luego, a viajar más de cuarenta kilómetros de ida, para ganar el sustento diario de la familia. Para gente como él no hay créditos, ni dádivas ni ofertas, y mejor -pensaba él-, “lo bueno que todavía puedo chambear, gracias a Dios.”

Apenas amanece, y ya camina a paso firme por la calle llena de baches y pintas de propaganda política. Todas prometen lo mejor, las ha visto desde que era niño, pero su vida de pobreza no ha cambiado nada. Camina con la nariz destapada, hay poca gente en la calle, no hay nadie cerca a quien moleste. Sólo pasan por la otra acera señoras que van por la leche para sus hijos y caminan adelante otros obreros igual de chambeadores a buena distancia. Vale más salir quince minutos antes, porque si no al rato el tráfico ya se pone hasta el queque. La Virgencita ha sido grande con él, por eso siempre le enciende su veladora, y al menos, por ahora, el covid no ha pasado por su casa.

Lleva dos tortas en su morral, para  comer al rato y poder aguantar hasta la noche. Después de diez horas de trabajo y casi dos horas de camino, primero Dios, volverá a casa para poder descansar. Y así todos los días, todos los años. Quisiera jubilarse, pero ¿qué haría con tres mil pesos mensuales? Así que a dormir que mañana será otro día.

 

 

Alfonso Franco Tiscareño

Para Vitral, en el suplemento Barroco. Diario de Querétaro

5 de mayo del 2021


https://www.diariodequeretaro.com.mx/cultura/un-hombre-se-levanta-6704039.html


 

 

miércoles, 9 de diciembre de 2020

Clarice Lispector, 100 años

 Clarice Lispector, cien años.

Una mujer sensible, que observa, que recuerda, que mira desde la inteligencia, una mujer que escribe, que no deja escapar nada, que documenta para indagar y entender la vida. Una mujer que bucea en su infancia para encontrar los tesoros que vivió. El pasado se vuelve presente y alimenta el futuro. No es exagerado señalar que se trata de tesoros, de joyas. 

Clarice Lispector dejó constancia en su textos de ser consciente de que los sucesos, las aventuras, no se repiten de la misma manera nunca más, de que cada momento es único, irrepetible. Lo señala no sin cierta melancolía y tristeza. 

La familia es una  veta inagotable en la que Lispector abreva y abreva constantemente, y donde casi siempre encuentra motivos de alegría y enriquecimiento. Alegría que tanto necesitaba para restañar las penas tan dolorosas de su origen y su pasado. Sus textos reflejan su intenso mundo emocional, su pasión por la vida. Se apropia del mundo, de las cosas, las hace suyas para revertirlas transformadas, iluminadas, para su lectores. La suya es una literatura para despertar, para abrir los ojos a lo cotidiano, para que nos demos cuenta de que hemos vivido momentos felices y podemos más. Es una escritura vitalista.

Los relatos que conforman el libro Aprendiendo a vivir, editado por Siruela, nos revelan a una Clarice Lispector que redescubre el mundo en cada texto. Vaya este pequeño apunte para celebrar a la enorme escritora brasileña por el centenario de su nacimiento en este 2020. 

Al día siguiente de llegar al mundo la familia de Clarice tuvo que huir de su ciudad natal en Chetchelnik, Ucrania, debido a las persecuciones contra los judíos instauradas por el Imperio ruso. Primero huyeron hacia lo que ahora es Moldavia y Rumanía, y luego hacia Brasil, donde Chaya pasó a llamarse Clarice. Como en todo proceso dialéctico ese intenso aprecio por lo cotidiano, por la vida, que aparece en la literatura de Lispector, provenía del enorme sufrimiento que desde niña padeció por la enfermedad de su madre, entre otras desgracias. La señora Mania Krimgol, madre de Clarice, había sufrido mucho, fue violada por unos soldados rusos y contagiada de sífilis. Por aquellos lugares se creía que una mujer contagiada de este terrible mal podría aliviarse si se embarazaba, y así fue como Mania decidió concebir lo que dio como resultado que naciera Chaya (Clarice). La madre no se alivió de la sífilis, pero la niña siguió creyendo que portándose bien ayudaría a que su mamá se aliviara. No fue así, y Clarice quedó marcada con un sentimiento de culpa por no haber podido ayudar a la recuperación de su madre.

Escritora de estilo inclasificable, aunque algunos la ubican en la tercera fase del modernismo, Clarice padeció desde su infancia la violencia racista que desde siempre ha azotado al mundo. Su abuelo fue asesinado durante los pogromos (matanzas de judíos), su madre fue violada y su padre tuvo que huir de su país de origen para convertirse en un exiliado.Aunque ella misma ha declarado que no escribía para agradar a nadie, esto es de dudarse. Quizá no para agradar, pero sí hay un afán de compartir sus hallazgos llevados al papel, y en ese sentido un deseo de ser leída, y por ende, de agradar. “Escribo como si fuese a salvar la vida de alguien. Probablemente mi propia vida”, señaló en su último libro Un soplo de vida.

Mujer de pocas palabras no era dada a entrevistas.  Se le ha clasificado como una escritora mística y hermética, a la que es necesario leer más de una vez para irla comprendiendo.

Que odiara las entrevistas y escribiera algunas de las novelas más cercanas a la poesía (y por tanto a la filosofía) del siglo XX no significa que no buscara otros modos de crear puentes de comunicación con sus lectores.” 

Clarice ha dicho que el apellido Lispector quizá quiera decir “flor de lis en el pecho”. Ella es una hermosa flor de la literatura, pétalos  en cada palabra. La flor de lis “simboliza el árbol de la vida, la perfección, la luz, la resurrección y la gracia del dios que ilumina”. La obra literaria de Lispector puede relacionarse con estos atributos. Su trabajo ha ido valorándose cada día más con el paso del tiempo, un trabajo que literariamente busca la perfección, aporta luz a la vida cotidiana, permite la resurrección del alma al encontrar los recuerdos que hacen volver a florecer la vida. Y aunque la literatura difícilmente puede cambiar el rumbo de la vida, “La gente está queriendo florecer de un modo u otro”, dice la escritora. 

Qué es una flor, sino sol encarnado. Heráclito, Demócrito y otros filósofos tenían razón, todo está formado a partir de los elementos fundamentales: el fuego, el aire, el agua, la tierra, y el éter. Qué es una flor sino la combinación exacta de estos elementos fundacionales. Lispector es una flor nacida en el terreno a veces árido de la vida, ella es poesía convertida en prosa, y es prosa perfumada de poesía. Clarice Lispector es la flor de lis de los alquimistas, la que sólo merecen los creadores, los que han llegado a rozar siquiera la piedra filosofal. Es la flor de lis atípica que crece en la ladera o en el risco más empinado de la montaña. Es la flor de lis que crece en las fracturas de la banqueta entre las calles de la vida, es la flor que no es tan fácilmente accesible sino para aquellos que están dispuestos a pagar el precio de la calma y la pasión conjugadas a un tiempo. Es la flor inclasificable en género y especie. Es la esencia del perfume llamado vida, con todas sus contradicciones. Es la flor que huye protegida bajo el manto de la noche más siniestra ensangrentada por las matanzas de los pogromos contra los judíos. Es la flor de lis que escribe para dejar a la vista de todos que la intolerancia y el racismo jamás podrán contra la poesía. Es la luz de la sacerdotisa del tarot, el lado femenino del árbol de la vida cabalístico gritando a los cuatro vientos que no hay vida posible sin las mujeres. Sus letras son los pétalos de la flor que germina y crece protegida por la noche oscura, que lo mismo engendra poetas que monstruos.

 

 

 

Alfonso Franco Tiscareño 

Para Vitral, en el suplemento Barroco. Diario de Querétaro 

2 de diciembre del 2020


https://www.diariodequeretaro.com.mx/cultura/clarice-lispector-100-anos-6113613.html


 

domingo, 27 de septiembre de 2020

Topor I

 Topor

        

                  I

Sí, debe ser la canícula,

esa de la que hablaban Green y Rulfo,

esa que se siente de norte a sur

y de este a oeste,  en todo el país.

Por eso los cuerpos se  pudren más rápido, 

quizá a eso le apuesten cuando les conviene, 

o quizá no importa.

¡ Cuánta arena ardiendo,

cuánto esqueleto regado, 

cuántos espejismos en el horizonte,

cuánta ilusión de que en el fondo

aparezca un Salvador,

alguien que detenga estas masacres..!

pero no pasa nada, ese día parece no llegar.

 

 

El dolor está sembrado por doquier.

Los hijos que preguntan por sus papás

apenas saben hablar,

las niñas comienzan a dar sus primeros pasos

antes de correr el riesgo de ser robadas.

Un par de imbéciles sonríen

mientras echan diez pesos en la sinfonola,

una música vulgar y amenazante 

comienza a escucharse.

El polvo se levanta  generando brumas sofocantes,

los animales del desierto huyen espantados,

las bocas de fuego amenazan  apuntando

para todos lados, 

¿Quién puede sonreír,  quién puede guardar

esperanzas,  quién quiere jalarle el gatillo

a la tristeza  para terminar

de una vez con todo?

 

 

Exacto,  debe ser la calor, debe ser

esa nublazón interna que todo lo ciega,

¿ será el pasado, será  la constelación

del Centauro dando coces? 

¿Será el llanto de los niños y de las viudas,

será el llanto de las madres que nunca

educaron a sus hijos?

 

 

 

 

 

 

 

Alfonso Franco Tiscareño 

Para Vitral, en el suplemento Barroco. Diario de Querétaro 

16 de septiembre del 2020

https://www.diariodequeretaro.com.mx/cultura/topor-5792623.html


jueves, 17 de septiembre de 2020

Viajes alrededor del Go 2/2

 Viajes alrededor del Go    II  (último)

En el mundo en que nos movemos puede parecer un loco  aquel que no  quiera ganar ganar y ganar en lo que sea, pero no necesariamente lo es.   Me suscribí a una página de juegos y  elegí el nombre de Wu wei pensando más que nada en aprender los secretos que guardan tanto el ajedrez como el Go. Y por supuesto que quería ganar unos juegos, pero me hizo sentir bien reconocer que no se trataba sólo de ganar, sino sobre todo de aprender, divertirse, fluir, no forzar, y esa condición puede aplicarse a todos los aspectos de la vida. Actuar sin obligarWu wei, la no acción , no significa asumir una actitud pasiva, sino una actitud aparentemente contradictoria de actuar sin actuar, sin apego a los resultados . Pero no hay recetas infalibles ni garantía de nada.    

Wu wei no es un concepto fácil para nadie, mucho menos para los occidentales. Sin embargo, lo poco que pueda uno captar ya es ganancia. Actuar sin actuar. Quizá lo entendamos mejor  retomando al personaje Juan Matus creado por el  antropólogo Carlos Castaneda: elegir siempre  un camino con corazón, es decir, si produces un bien a otro, ese es un buen camino, si no dañas, si no molestas, si no robas, ese es un buen camino. Que se abran las puertas de la percepción y del conocimiento, con humildad y reverencia. 

Este tipo de viajes con un libro implican rupturas con los esquemas que uno guarda. Un buen texto y una buena lecturaobligan a romper con los machotes de pensamiento cerrados e inamovibles. Un buen libro sacude esas estructuras, y eso es lo que permite el enriquecimiento. Hay que  abrirse a nuevas ideas, nuevos conceptos, nuevas formas de comprender la realidad que se verán reflejadas en el accionar de cada uno.  Hay que encontrar esas propuestas que son diferentes y explorarlas con gusto y apertura. Los libros sólo existen por y para los lectores, y el escritor se enriquece siempre de los puntos de vista de estos. Hay escritores, aún los profanos, que no permiten  ni aceptan la más mínima crítica. Allá ellos, caerán en un soliloquio redundante que les impedirá por siempre enriquecer sus letras. 

El maestro de Go nos muestra un hombre enviciado con su juego, tan embebido que no tiene tiempo para atenderse él mismo. Come malmientras juega vive bajo permanente estrés, descuida su salud, no practica ejercicio,  no se anima a caminar siquiera. Esto nos  muestra que no basta con ser un artífice de un juego o de cualquier otra cosa, la vida exige totalidad, hay que atender todos los frentes sin descuidar ninguno, porque de no hacerlo se pagarán precios muy caros, como los pagó el maestro de Go Shusai Honnimbō.

En esto de perder y ganar siempre habrá mucho que reflexionar, porque ¿quién quiere ser permanentemente un perdedor?El Wu wei no se trata  de eso, sino de sacar de la aparente derrota grandes enseñanzasEs en ese sentido, y sólo en ese, esque se puede considerar la derrota como una ganancia. En el capítulo 13 de El Maestro de Go, Yasunari Kawabata nos narra el caso de Sekiné, Maestro de shōgi (un juego japonés), “que era más feliz cuando perdía”. El texto no nos cuenta más acerca de en qué sentido este hombre era más feliz al perder. Suponemos que era en el sentido antes dicho de que cada partida perdida implica enseñanzas, lo cual es una forma de ganar.  Guías,  tips, reflexiones que nos indican con claridad  en dónde hay que aplicarse,  trabajar,  poner más atención.

Un país que apunta a ser una verdadera potencia del siglo XXI y que tiene una estrategia para ello, es  China, que con su plan para el 2025  pretende ser vanguardia, sobre todo en los aspectos tecnológicos digitales, es decir, en inteligencia artificial, automatización y autosuficiencia tecnológica. Y alguien puede pensar que es una cuestión pequeña, pero una parte fundamental del desarrollo de niños y jóvenes, que serán los encargados de llevar a cabo el cambio, es la promoción y enseñanza del Go. ¿Una pieza fundamental? Sí, porque este juego ayuda a estimular la mente y a aumentar la capacidad de razonamiento, que son requisitos básicos para la innovación, la investigación y el desarrollo. Hace más de 2000 años en la cultura china era una exigencia que todo habitante dominara cuatro elementos: la pintura, el  guqin (instrumento de cuerda), la caligrafía y el Go, porque entre los beneficios que proporciona jugar Go están: 1. favorece la capacidad de atención y concentración; 2. contribuye al desarrollo de habilidades creativas y lógicas de razonamiento; 3. refuerza la autoestima; 4. ayuda a madurar en el plano de las relaciones sociales.  Por eso en China lo están jugando con tal fuerza que se dice que el Go vive actualmente una época de oro. Aquí cabe preguntarse ¿y en México que esté pasando con la mayoría de nuestros jóvenes? Hay excepciones, pero la gran mayoría de están abandonados a su suerte, expuestos a enormes peligros, violencia, drogas, delincuencia, ignorancia, música nefasta. Tristemente, con claridad puede verse hacia a dónde apunta una nación que toma estos rumbos. No es con dádivas monetarias y manipulación como se va a sacar adelante a los jóvenes en México,  sino con un apoyo real, trabajo, infraestructura, educación de calidad. Es necesario incorporarlos a la ciencia, la investigación, la tecnología, y, por supuesto,  al  deporte,  la cultura, las artes y la tecnología. El problema que México enfrenta es verdaderamente grave, y todo continúa como si nada. Esa actitud ya se está pagando con la crisis que atestiguamos a diario, y se pagará un precio mucho más alto en el futuro si no se toman medidas inmediatas. 

Quizá a nosotros nos parezca insólito que un proyecto de nación, como el de China, integre entre sus elementos un juego de mesa. No debería serlo. Resulta más insólito y nefasto que en México los jóvenes estén descuidados y abandonados. Es hora de que la sociedad civil tome las riendas y atienda a sus hijas e hijos por su cuenta, proporcionándoles aquello de lo que carezcan. Educación, trabajo, salud, diversión y cariño… y porqué no, aprender a jugar Go, también. 

Alfonso Franco Tiscareño 

Para Vitral, en el suplemento Barroco. Diario de Querétaro 

9 de septiembre del 2020


 https://www.diariodequeretaro.com.mx/cultura/viajes-alrededor-del-go-parte-2-de-2-5758259.html

miércoles, 9 de septiembre de 2020

Viajes alrededor del Go I

Viajes alrededor del Go   I



                                                                                            A Rosario Vela

Leer es viajar de muchas formas,  a miles de lugares posibles, y donde se abre una puerta, se abren otras tantas. Leer es una aventura interminable. Un ejemplo, la relectura del libro El maestro de Go que me está llevando por una serie de caminos a cual más maravillosos que deseo compartir. Este libro es una crónica, una obra del escritor japonés YasunariKawabata que narra la historia de un gran maestro de ese juego chino llamado Go, en donde el jugador Shusai Honninbō -ya grande y enfermo- se dispone a celebrar su última partida, su despedida. Este evento es reseñado por los periódicos de su tiempo, y Kawabata es el enviado del periódico japonés Tokyo Nichinichi Shinbun. En esta obra, Kawabata desarrolla una alegoría acerca de la vida, la muerte, y todo lo que implican con sus placeres y sinsabores. Esto ocurre en el año de 1938. En esta última partida entre el maestro de Go y su joven retador se enfrentan lo viejo y lo nuevo, la modernidad y lo tradicional, el pasado y el presente, pero no sólo eso, la lucha entre estos dos jugadores deja ver los diferentes tipos de temperamentos existentes entre los humanos, y cómo es verdaderamente irracional que alguien pretenda poseer la verdad absoluta respecto de una forma de actuar o un tema. En estos dos jugadores podemos ver las diferencias de procedimiento y también atestiguar que todas son válidas dependiendo de la persona, lugar y circunstancias. Eso nos debería llevar a recapacitar y a evaluar los puntos de vista ajenos a los nuestros, ya que todos son parte de una totalidad que permite conformar una visión más amplia de la vida. A unos les gusta la noche a otros el día, ninguno está equivocado, ambos tienes razón y sus verdades se complementan.    

El tiempo no se detiene nunca, todo se va transformando permanentemente sin posibilidad de evitarlo, lo que hoy es, mañana no será.  Algunos han utilizado la metáfora del polvo del tiempo que barre con todo y no deja nada de pie, salvo quizá la obra de los grandes artistas, o de los transformadores sociales. Es poco lo que queda de la vida de los seres humanos, la mayor parte son olvidados y borrados de la historia. De ahí la importancia de vivir plenamente, a conciencia y con maestría, porque aunque no se deje huella permanente, cuando menos se tendrá la dicha de haber disfrutado, en tu nivel y circunstancia, lo vivido.Y habría que agregar a esto, la satisfacción enorme que proporciona servir a los demás, preocuparse por ellos, no molestar, no causar tristezas, penas, desdichas, y mucho menos dañar ni psicológica ni físicamente a nadie. 

Son parte de las reflexiones que me provoca la lectura de El maestro de Go, pero el viaje apenas comienza. En realidad, si uno se propusiera narrar todo lo que viene a la mente, sería una labor interminable. De hecho, hay escritores que lo han intentado, sentarse en un lugar y hacer una precisa descripción de todo lo que acontece frente a ellos. Es un ejercicio agotador,  la realidad es compleja y está compuesta de hilos tan delgados, tan diversos, entretejidos de maneras tan entreveradas que... Sin embargo, vale la pena el intento porque mínimo toma uno conciencia, se descubre lo simple y lo complejo, y cada evento de la vida puede resultar muy enriquecedor. Entre los escritores que han intentado describir minuciosamente lo que ven frente  a ellos está George Perec, uno de los autores franceses más importantes de la segunda mitad del siglo XX, en quien valdría la pena detenerse y leerlo. 

Así,  en este libro de El  maestro de Go al empezar a leerlo con calma y atención, a conciencia, empiezan a aflorar pensamientos, dudas, preguntas, respecto al juego. ¿Cuál es su origen? ¿Desde cuándo existe? Entonces, detengo la lectura, y me dirijo hacia una página web para que me ilustre y conteste mis preguntas. Y el que busca encuentra. El Go es muy antiguo, se originó en China hace más de 4000 años. Es un juego abstracto, de posiciones, y los que saben dicen que, a pesar de su aparente sencillez, es altamente complejo. 

En todo el caos de un viaje literario como el aquí planteado subyace la búsqueda del orden que existe en todos los elementos que conforman el mundo. Se requiere de un mago que domine el caos, así que si te paras enfrente, aparentemente todo es un desorden, pero no es así, hay un hilo conductor en cada situación, en cada evento, y hay que descubrir cuál es ese hilo. Y como lo señalan las teorías del juego, cada situación tiene sus propias reglas. En el caso de este artículo, el hilo conductor es el libro de El maestro de Go, de Kawabata, y a partir de él, por más disparatadas que puedan parecer las situaciones presentadas, todas obedecen a esa guía, todas tienen que ver con el Go.

Por eso cité a George Perec, porque es un escritor que hurgó en lo cotidiano, en los diario, en lo que pasa desapercibido, y en el caso de este escrito, en donde estoy hurgando entre los pensamientos, hay una circunstancia parecida. El maestro de Go que se retira, Shusai Honninbō, del que habla Kawabata, entregó su vida completa a este juego dándole un carácter  ritual,  y a partir de él, articuló toda su vida.  Una de los planteamientos más relevantes aparece en el capítulo 10, donde Kawabata narra que un jugador llamado Onoda mientras esperaba su jugada se sentaba con los ojos cerrados y  se liberaba del deseo de ganar.  Ese acto me llamó mucho la atención ya que uno siempre quiere ganar en lo que sea, ¿quién quiere perder? Curiosamente, aunque dicen que no hay coincidencias, para entender un poco más lo que estaba leyendo, me metí a jugar Go en internet aprovechando ese tipo de facilidades que ofrecen las tecnologías de información,  en donde uno puede jugar con otros a la hora y el día que uno quiera. Me metí pues a una página y me inscribí para jugar. Debía elegir un sobrenombre, elegí Wu wei,  la no acción. Esto lo hice antes de llegar al capítulo 10 que he mencionado más arriba, parte de lo interesante de la coincidencia en cuestión  -a las que según Carl  Jung hay que seguirles la pista-, era que había elegido la no acción, que era algo parecido a lo que Onoda proponía.      

 

 

 

Alfonso Franco Tiscareño 

Para Vitral, en el suplemento Barroco. Diario de Querétaro 

2 de septiembre del 2020


https://www.diariodequeretaro.com.mx/cultura/viajes-alrededor-del-go-parte-1-5733564.html


 

 

 

 

 

 

                           

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