miércoles, 8 de febrero de 2023

 

Días de guardar. Carlos Monsiváis  II

Si nos detuviéramos en cada una de las citas y referencias anotadas en Días de guardar, tendríamos para rato averiguando nombres, fechas, circunstancias culturales, políticas y contextuales. Podríamos armar un fichero enorme que documentara sólidamente nuestros propios puntos de vista. Nuestra cultura y conocimiento de la realidad aumentarían potencialmente. Una inteligencia ágil, lúcida y hábil, como la de Monsiváis, era capaz de recordar y relacionar lo leído y visto, con el acontecer cotidiano de la vida social y cultural de un país tan complejo como México. 

 

Si la crítica y la burla deben aplicarse absolutamente a todo, Monsiváis mismo tuvo que aguantar vara y ser “víctima” del humorismo mordaz a que fue sometido por la pareja de cómicos llamada Los  Polivoces. Y aguantó vara. No se sabe que la imitación de esta pareja le hubiera molestado. Además, también aguantó las ironías y ataques de Octavio Paz en aquella célebre polémica pública que sostuvieron en las páginas de la revista Proceso. Paz  quiso rebajar, someter y reducir al cronista  al referirse a él no como un hombre de ideas, sino tan sólo de ocurrencias. Escribe Octavio Paz: “Aclaraciones y reiteraciones” En el número 59 de Proceso aparece un artículo de Carlos Monsiváis en el que, para emplear sus palabras, “consigna sus desacuerdos” con mis opiniones. Me alegra que al fin abandone la murmuración y se decida por la discusión abierta. Procuraré responderle con brevedad. No será fácil: si mi pecado es “la manía generalizadora”, el suyo es el discurso deshilvanado, hecho de afirmaciones y negaciones sueltas. Monsiváis no es un hombre de ideas sino de ocurrencias. La acumulación de detalles no es un defecto cuando se escribe una crónica; sí lo es en la crítica intelectual y política. La ligereza se convierte en enredijo y aparecen las tres funestas fu: confuso, profuso y difuso.”

 

Sí, hay ocurrencias en Carlos Monsiváis, pero muchas veces son ocurrencias geniales presentadas con gran manejo del lenguaje, basadas en conocimiento sólido, que aportan visiones distintas para acercarse a la realidad y a los hechos relatados o criticados en sus ensayos o crónicas. Esa polémica entre dos ejes de la cultura mexicana contemporánea dejó ver que de ambos lados había ideas, conceptos, convicciones. Este tipo de debates enriquecen a todos, y proporcionan salud a la República, fortalecen las libertades y la democracia a pesar del tono agresivo, incluso ofensivo, que a veces muestran.

 

Todo debe ser cuestionado, incluido Octavio Paz, porqué no. Someter  a crítica la realidad enriquece a todos, y a pesar de las respuestas vitriólicas de Paz, y un tanto menos de Monsiváis, el poeta  asestó buenos y lúcidos  argumentos al tema de la discusión. La crítica, e incluso la burla, hacen bien, y pueden evitar el anquilosamiento de una sociedad. El único límite para ejercer el sarcasmo debe ser lo que la ley marca, y evitar lo que incite a la violencia, a la discriminación y a la humillación de las personas o grupos, aunque a veces esos límites son muy difíciles de definir, pero nada que una buena discusión en democracia no pueda afinar y establecer con cierta precisión.

 

Como señala el psicólogo Jordan Petersen, quien ha abordado este tema del humor ácido: «Tiene que haber una espontaneidad y un atrevimiento», dice Jordan Peterson, «así que (los humoristas) siempre están poniendo a prueba los límites de lo que es aceptable en el discurso, y casi siempre lo hacen de una manera que apunta a verdades incómodas de una u otra forma. Cosas que la gente no quiere admitir. Cosas que mantenemos ocultas en la oscuridad. Las debilidades de nuestros líderes. Cualquier cosa que esté ahí pero que haga que la gente se sienta demasiado incómoda para hablar de ella, eso es exactamente lo que un cómico enfoca».

 

«Eso es parte de lo preocupante del estado del discurso en el Occidente libre», dice Peterson en otra conversación. «Los cómicos no van a los campus universitarios. No consiguen ser graciosos. Y si no puedes ser gracioso, entonces no eres libre. El bufón de la corte del rey es el único que puede decir la verdad. Y si el rey es tan tirano que mata a su bufón, entonces sabes que el rey malo está al mando. Y cuando no podemos tolerar a nuestros comediantes, es como si, bueno, ahí tienes. Son los canarios en la mina de carbón en lo que a mí respecta».

 

Y, aunque es verdad que Monsiváis era un hombre de grandes, lúcidas, humorísticas, sarcásticas y originales ocurrencias, era mucho más que eso. Sus chispazos estaban solventados por una gran documentación: datos, nombres, lugares, situaciones, que enriquecen a quien las lee. Monsiváis no era sólo un hombre de ocurrencias, calificarlo así refleja también en Octavio Paz una vena de autoritarismo, soberbia y un tanto de ira enardecida contra quien lo estaba cuestionando en su templo donde él representaba el poder absoluto. De alguna manera un cacique de la cultura, aunque Monsiváis también lo fue.

 

Y si bien los debates entre intelectuales tienen esa característica de fuerza, vigor, ironía, crítica y ataque, porqué no pensar que pudiera existir un debate que no implique el lucimiento del ego, la megalomanía, la envidia y el ataque ofensivo. Porqué no pensar que puede estar compuesto de respuestas sólidamente argumentadas ante los planteamientos y cuestionamientos del otro debatiente. Porqué no pensar que en lugar de dos gallos giros en el palenque, se trata de dos seres que a partir de razonamientos críticos no personalizados, se enriquecen uno a otro, así como a los lectores o espectadores del debate.

 

Lo importante es que, como todo buen ensayista, Monsiváis hace pensar, reflexionar, propone otros puntos de vista, distintas formas de enfocar los temas, y esa es la narrativa que aporta conocimiento. Aunque a veces, su estilo corre el riesgo de ser repetitivo.

 

En Días de guardar hay dos  preocupaciones permanentes, una es la cuestión de la masa, la masificación, la manipulación de la gente, el gregarismo, la ignorancia; y otra la cuestión del  desclasamiento, la falta de conciencia de a qué lugar social se pertenece, no como castigo ni como casta, pero sí como conciencia de qué intereses representa dicha clase.

 

 

 

 

 

Alfonso Franco Tiscareño 

Para Vitral, en el suplemento Barroco. Diario de Querétaro 

9 de noviembre del 2022


https://www.diariodequeretaro.com.mx/cultura/dias-de-guardar.-carlos-monsivais-ii-9194143.html


 

 

sábado, 19 de noviembre de 2022

 


Días de guardar. Carlos Monsiváis     I

Qué tremenda potencialidad para narrar la de Carlos Monsiváis. Se trata de un cronista al que si  lo encontrabas en la calle te parecería un tipo común y corriente, pero para nada era común y mucho menos corriente, él veía a profundidad, con ojo crítico, estaba en todo, y combinaba lo visto y leído en su vida a una velocidad kilométrica para exponer con una mirada original, certera, lúcida y aguda variados temas y asuntos de la sociedad, la política y la cultura en México. Nació en el popular barrio de La Merced, pero pronto se avecindó con su familia en la colonia Portales, en la calle de San Simón. Poseía un  enorme bagaje intelectual, enciclopédico. Era capaz de mezclar datos de  manera sorprendente, impensable. Erudito de gran saber que dejaba ver, detrás de sus comentarios y escritos largas horas de lectura, de  películas vistas, de reflexiones. Dueño de una memoria impresionante que no era un estanco fijo, sino una caja fuerte que atesoraba datos y verdades para utilizarlas en el momento exacto. Uno se preguntaba a qué hora realizaba Monsiváis tantas actividades en un día de 24 horas.  

 

Poseía el don del sarcasmo, una capacidad para burlarse de todo. Una fuerte influencia en su forma de escribir la recibió mientras ejerció como profesor invitado (1970) en la Universidad de Essex, en Colchester, a una hora de Londres, Inglaterra. Se trata de una de las universidades más importantes del Reino Unido. Es probable que haya sido en Inglaterra en donde  Carlos Monsiváis se influyera de la tradición del humorismo inglés, que se burla incluso de lo más sagrado. No olvidemos aquella frase que escribió en una carta dirigida a María Luisa “la China” Mendoza: Londres me da lo que nunca podría la Ciudad de México. Otras influencias fuertes en Monsiváis fueron los autores y modelos a seguir del movimiento contracultural de los 60’s, en el siglo XX, en los Estados Unidos.También fue influido por el Nuevo Periodismo (New Journalism) de Tom Wolfe. Este tipo de humor anglosajón se caracteriza por su acidez y crudeza. “En muchos países del mundo consideran que el humor inglés no es gracioso, pero esto se debe a que tiene características muy específicas, tales como sarcasmo, autocrítica, humor negro, etc. Es posible reírse a carcajadas con el humor inglés, lo único que se necesita es conocer su estructura y el contexto en el que se emplea…Los británicos tienen un sentido del humor muy particular que está basado especialmente en los siguientes estilos:

 

Ironía. La ironía es una figura retórica que se usa tanto en el humor como en la poesía o la literatura. Tiene muchos usos. En el caso británico es la base del humor. La ironía hace hincapié en la contradicción de una situación. Por ejemplo, que una persona calva anuncie un shampoo.

Sarcasmo. Es el siguiente paso de la ironía en camino al humor negro. Aquí el sentido es criticar algo o a alguien tomando los defectos como una supuesta virtud. Por ejemplo: “canta muy bonito, nada más me sangraron las orejas los primeros quince minutos….Innuendo: En Reino Unido, como en todo el mundo, el humor es un excelente recurso para hablar de temas prohibidos, tabú. A esto se le llama innuendo, a la insinuación de temas censurados desde un tratamiento velado, como si en realidad no se hablara de eso. Autocrítica: Los comediantes ingleses utilizan su vida privada y pública, así como sus aciertos y errores (sobre todo sus errores) como una fuente inagotable de chistes. Sin embargo, no hablan de sí mismos con pesar, sino con alegría para encontrar el gag que haga estallar de risa a su público. Humor negro: Se trata de un estilo de humor que se acerca a la frontera de lo prohibido (si es que existe algo prohibido en el humor), por lo tanto en ocasiones es censurable, sobre todo para público infantil. Puede abarcar temas de política, así como de problemas de una sociedad o desastres naturales, muertes o desgracias en general.”

 

Burlarse nos refleja, reírse de sí mismo es parte de una sabiduría muy antigua que sana a las sociedades porque es una forma de autocrítica. Si no hay autocrítica no hay transformación, sin transformación hay endurecimiento, tensión. En cambio, la autocrítica permite mirarse de otras formas, reírse de sí mismo permite acercarse a los eventos de otras maneras. Burlarse es un cuestionamiento profundo a la censura, y no se trata de una cuestión personal, la crítica es fundamental para desarrollar el pensamiento y el conocimiento. Cuestionar todo, desde la propia persona hasta la familia, lo social, al estado, a los gobernantes, todo debe ser cuestionado, someterse a análisis. Y los burlones y críticos son fundamentales. No debe haber nada intocable. La burla ácida y la crítica son unos de los primeros pasos, de los más importantes, para construir sociedades democráticas. No se trata de ser un burlón superficial, baboso, sino un crítico analítico, argumentativo, con lo cual principia el cambio y la transformación personal y social. 

 

Así que celebro la capacidad burlona de Carlos Monsiváis, porque nos conduce por la ruta de la comprensión de lo social y cultural desde perspectivas menos rígidas, menos arcaicas, menos anquilosadas. La burla, la ironía y el sarcasmo de Monsiváis no significan que no haya un análisis serio y profundo de los temas, simplemente es un abordaje que entra por otro camino. Monsiváis se ocupa lo mismo de la banalidad burguesa, que de la producción televisiva basada en lugares comunes, de la política hipócrita, repetitiva, del poder abusivo y criminal. Monsiváis  practica la burla ácida sin caer en la chabacanería o la vulgaridad, todo lo contrario,  su vereda es la crítica documentada. Sus textos reflejan  erudición y cultura, ingenio,  una profunda reflexión y conocimiento de los hechos, y una mirada analítica. Leyendo con atención cada uno de sus escritos, por ejemplo, los que contiene su primer libro de crónicas-ensayos, publicado en 1970, titulado Días de guardar, podemos constatar lo poderoso de su argumentación.

 

 

 

 

 

Alfonso Franco Tiscareño 

Para Vitral, en el suplemento Barroco. Diario de Querétaro 

2 de noviembre del 2022

https://www.diariodequeretaro.com.mx/cultura/dias-de-guardar.-carlos-monsivais-i-9154765.html


jueves, 11 de noviembre de 2021


Norady y Santé      II

Un gato paseaba por el filo  de la barda frente a la casa de Norady. Era una vecindad pequeña de sólo seis casas en las que habitaban otras tantas familias. Uno de los departamentos fue desocupado y a las pocas semanas llegaron a habitarlo Santé y su familia. El lugar era muy pequeño, y la mamá de Santé empezó a comentar con los vecinos lo incómoda que se sentía ahí, ya que ella venía de un departamento bastante grande, el cual tuvo que desocupar porque, aparte de que se lo pidieron, era muy frío y oscuro, y le había ocasionado una enfermedad en el pecho.

A Santé le resultó muy desagradable cambiarse a ese lugar, a ese rumbo. No conocía a nadie, dejaba lejos a sus amigos, pero todo era por procurar el bienestar de su madre. Por eso,  aunque a regañadientes,  aceptó mudarse a esa casa que era una auténtica ratonera. Las primeras noches no podía ni dormir debido a que a menos de cincuenta metros pasaba el tranvía, y el sonido  de las llantas metálicas sobre la vía, parecía originarse adentro de su casa.

El único medio para seguir ligado a su lugar de origen, a su antiguo y amado barrio, al que lo vio crecer desde pollito, era su bici. Le era a Santé lo que el caballo al cowboy. Era su corcel. De llantas anchas, freno de pedal, asiento de banana. Siempre tenía que estar en buenas condiciones, había que cuidarla de ponchaduras y banquetazos.  Así que periódicamente la arreglaba de una u otra cosa. Trabajaba en el patio de la vecindad, a pleno sol. Durante las primeras semanas aquel patio tan sólo funcionó  como pista de aterrizaje para caer al nido, dormir, comer, escuchar música y dejarse atender por la mamá y la hermana. Su casa era como un útero, siempre un retorno seguro, cálido. Cuando llegaba, la luz era puesta a medias con esos interruptores de moda entre los clasemedieros. Aquello era de veras un regazo apetecible. Al otro día, temprano, despegaba para ir a la prepa cinco, su muy amada prepa cinco. Regresaba a la una, comía y despegaba en su birula a su antiguo barrio. Así fueron los primeros tres meses de su llegada a la vecindad.

Al paso del tiempo, ya más reposado, Santé salía al patio. Habiendo cruzado unos cuantos buenos días, buenas tardes, con sus vecinos,  tomó la suficiente confianza.  Los saludos siempre iban acompañados por  la sinfonía en motor mayor, claxon 438, música de fondo a la que los inquilinos ya estaban  acostumbrados. Sabían que al abrir el zaguán los desbordaría un torrente de humo y ruido; el anuncio del parto de los Ejes viales que pronto modernizarían a la ciudad. Y aunque tan sólo se había desplazado una colonia, a él le parecía casi haberse cambiado de país. A China.

                                                                        *

El gato, dueño de la barda, volvió a hacer su aparición, bordeando ahora por un flanco de la escalera que conducía a la azotea. Santé estaba tendido a la mitad del patio en medio de llaves, tuercas, balines de la masa,  llantas, la cadena, en fin, con la bicicleta totalmente desarmada. Mientras trabajaba Santé pensaba: “Muchos han de amar su bicicleta como yo a la mía. Es mi caballo alado para recorrer las calles. Nunca he ido demasiado lejos, pero un buen cacho de la ciudad sí que lo he recorrido. Y qué tal esos días en que con mi hermano y amigos nos internamos en el misterio de la oscuridad nocturna para respirar el aire fresco, el poco tráfico, el silencio, y la belleza de la noche. Regresamos a casa hasta las 0.30 o una de la mañana, un tanto cansados, para reposar en la seguridad de nuestras casas. Ah, mi amada bicicleta, qué buenas aventuras he vivido contigo”. 

Viéndolo bien, el patio no era tan repugnante. Lo rodeaban muchas plantas y flores distintas: dalias, azucenas, primorosas, diente de león, huele de noche y otras más.  Las casa estaban dispuestas alrededor de un patio cuadrado, unas enfrente de otras. 

Norady estaba lavando trastes en la cocina y desde ahí veía al gato y su andanzas.  Al regresar la vista a sus quehaceres la mirada de Norady y Santé se encontraron por primera vez. Ella era una niña de dieciséis años, hermosa y nueva como una flor a punto de abrirse. Su cuerpo estaba ya desarrollado, sus piernas se erguían musculosas y torneadas. Destilaba ya una sensualidad animal. Los instintos de ambos despertaron y con ello su                                                                                               historia. En aquel encuentro de miradas no se adivinaba nada, porque nadie sabe exactamente qué pasará mañana.

Los encuentros y las miradas mutuas eran más frecuentes, poco a poco derivaron en coqueteos que subían y bajaban como las olas. Santé comenzó a fijarse en ella más detenidamente. Ver el cuerpo ligero y la sensualidad de Norady le hacía sentir que todos sus sentidos se alteraban. Sentimientos arrebatadores que sólo podían terminar en un encuentro demoledor de lujuria. Todo en un  abigarrado y confuso paisaje mental que él no comprendía ni le interesaba entender. Esa fuerza desconocida, que empezó a crecerle, llenaba  su vacío.

A sus 17 años Santé no había amado ni tenido una novia de esas que llamaban formales. No sabía lo que era tener una mujer entre los brazos y  besarla. Y si alguna vez había besado, no fue como él quería y se imaginaba. Aquellos besos tuvieron para él un sabor raro, como la electricidad  que se siente al colocarse una pila cuadrada en la boca.

Norady a los 16 años tampoco había tenido grandes experiencias. Era una adolescente que comenzaba a ser mujer. Era fresca y lozana.

En una de sus escapadas fuera del útero, haciendo relinchar su bicicleta, se encontró a Norady  en la puerta de salida a la calle. La mirada se convirtió en palabra

-¡Hola!¿me das permiso de pasar?, dijo nerviosamente Santé.

-¡Hola! -respondió ella-, adelante.

Sólo fue eso, nada más . De toda la gama de tonalidades de voz, la de Norady le pareció exquisita. Era dulce, suave, con un tempo muy tranquilo. Partieron de ahí, pero ese lugar lo sintieron como algo muy especial desde entonces, como si tuviera una vibración particular que ellos con su encuentro había formado. Ella tropezó con una cubeta que estaba bajo la toma de agua. Él se enredó y estuvo a punto de caer hacia la calle, luego partió intentando hacer piruetas en la bici.

 

 

 

 

Alfonso Franco Tiscareño 

Para Vitral, en el suplemento Barroco. Diario de Querétaro 

22 de septiembre del 2021


https://www.diariodequeretaro.com.mx/cultura/norady-y-sante-ii-7271465.html


 

 

 

 

 

jueves, 14 de octubre de 2021

 



Tú eres yo, yo soy tú

(In lak'ech, Hala ken)

 

 

En el insondable azul del cielo

donde pierde el mar su dimensión 

pinté en el horizonte un arcoiris 

perecido a una aurora boreal.

 

Busqué tu rostro en una estrella 

y nada más la soledad quedó

como una suave melodía

entonces tu voz apareció.

 

Yo habito tras de las montañas

y me levanto cuando sale el sol

mi nombre viene del espíritu 

alumbro pues de Sirio soy.

 

Te quiero y soy también tu nombre

juntos perfumamos la flor

en el desierto somos cactus

y los colores son nuestra expresión.

 

Ven dame un beso y caminemos

dame tu mano siempre así

que iluminen tu ojos el sendero

que lata ardiente nuestro corazón.

 

Tu aliento y mi aliento viento son

la guerra no perdona vidas

pero resucitemos al amor

insisto, resucitemos al amor.

 

 

 

 

 

 

 

 

Alfonso Franco Tiscareño 

Para Vitral, en el suplemento Barroco. Diario de Querétaro 

25 de agosto del 2021

https://escritosdealfonsofrancotiscareno.blogspot.com

 


https://www.diariodequeretaro.com.mx/cultura/tu-eres-yo-yo-soy-tu-in-lakech-hala-ken-7155064.html

martes, 12 de octubre de 2021

 




Carta a Julio C.

                                       Cuando la soga aprieta / Es la hora y se pregunta qué es lo que soy/

                            Un nombre una dirección / Una cartilla, un buzón, Un número de expediente.

                           Jaime López, Roberto González. La soga

Qué poder siguen teniendo las cartas escritas en papel, aún en estos tiempos aciagos de hipercomunicación, rapidez, y banalidad. Y eso me sorprende, Julio, por eso, hace poco te escribí una carta para celebrar nuestra amistad. Es cierto, ya casi nadie manda cartas por el correo tradicional, ahora todo es rápido y con el número de caracteres determinado quién sabe por quién carajo que se atribuyó esa dimensión proteica, divina. Pero bueno, a mí me nació tomar papel y pluma y escribirte una a la vieja usanza, y para mi suerte, hasta el papel era viejo y corrugado. Así que comencé:

 

                               Si usted siente internamente que no es nada/ Yo le sugiero que se embarre

                                        esta pomada/ Se sentirá un nuevo ser que limpio nace/ Rompiendo las

                           ataduras de su clase/ Compre, tenga, mire, venga/ Satisfaga sus deseos de ser

                           quien/ En la vida siempre todo le sale muy bien.

                         Roberto González, Satisfaga sus deseos.

“Hola, querido Julio, te escribo esta carta para decirte que te quiero y que pienso mucho en ti, en tu hijos. De hecho, seguido pido  por ustedes, por tu esposa Gaby, que Dios la tenga en el Cielo, en perfecta, iluminada y santa condición. Julio, recuerdo mucho cuando nos conocimos, guardo en mi ser varios instantes que fueron y aún son muy valiosos en mi vida, eventos que quedaron grabados con hierro candente en mi mente y en mi corazón. Por ejemplo, uno de los primeros sucesos que me unieron a ti fueron las rolas, la música, la bendita música. Sobre todo, aquel célebre disco de las  Sesiones con Emilia, con Emilia Almazán, Roberto González y Jaime López. Escuchar ese disco es acordarme de ti. 

 

                                     De día rumbo a la oficina transportando el sueño dentro de un camión

                                 Febril como la obsesión de hallar la mina donde cada tecla deletrea su voz.

                                Morir como mueres hoy, Jaime López 

No me acuerdo bien si ya lo conocía o fue por medio de ti que lo escuché por primera vez, pero lo que sí me queda muy claro es que contigo y con tus comentarios esa fantástica obra de arte me proporcionó momentos claves por sus ideas, sus conceptos, su crítica radical, su visión de la vida, y por supuesto me dio materia para tocar esas canciones por todos lados, con toda la banda. Aunque … los discos de acetato ya iban de salida. Tú traías esa música en un casete, que era lo último en  tecnología de ese momento. Saqué en la guitarra muchas de esas revolucionarias canciones pioneras del después llamado rock rupestre, sino es que todas, y las toqué en cuanto lugar pude. Y las emociones fueron tan intensas que todavía hay quienes se acuerdan de aquellas tocadas y hasta me piden volver a interpretar algunas piezas. 

 

                                              De Tenochtitlán, te dan un cuento, Y de Tlatelolco, una sangría: 

                                                 Son sólo vergüenzas, recaídas; Son, por todos lados, monumentos;

                                                 Son para dormir este momento.

                                               ¡Quítame tu cómic de la vista!, Jaime López

Tú comentabas algo, me influías y me dabas una nueva visión de una frase o fijaba yo más la atención en alguna canción en particular. Cada una de esas rolas fueron Pasto Verde para mí, fueron locura, filosofía, alegría, ruptura epistemológica, ceremonias paganas, creencia en el cambio social, crítica, reflexión lúcida, locura cervecera y humo sagrado, amor extasiado, encuentro, inspiración poética. Hasta la fecha les sigo la pista a Emilia, a Jaime  y a Roberto. Mi pecho se inflama, se hincha, nada más de escuchar dentro de mi cabeza y mi corazón aquella música, al recordar los efectos en  mi mente. Aquellas letras incendiarias, cómo nutrieron y desarrollaron mis propias ideas.

 

                                      ¿Y que hicimos de esas rebeldías?/ Pues nutrir las viejas agonías

                                            Y engordar las mismas jerarquías/ Hasta sus propios policías

                                               Los Rolling Stones nos echarían

                                             Los Rolling Stones nos culparían, Jaime López

Corrían los años de 1982-85, y esa flor musical, bella y luminosa, que ahora tengo en mi jardín, es producto de esa nuestra amistad. He evocado este recuerdo, de entre muchos otros que tengo contigo, para decirte que te quiero, que te extraño, y que tu amistad es muy valiosa para mí. 

 

                                                                 ¿Y con qué fin,/ Toda esta dialéctica en la historia?

              ¿Para qué ir al paraíso estando muertos?/¿Para qué alcanzar la gloria estando vivos,

               Si la gloria está muy lejos de este huerto?

                El huertoRoberto González 

A veces creo que no sé ser muy buen amigo, o quizá he cometido algún error sin querer para contigo, puesto que me has dejado de hablar y te has alejado, pero, aunque no tengo muy claro esto, lo que sí me es diáfano es que te amo y valoro chido todo tu mundo, todo lo que ahora te mueve: el Curso de milagros, Buda, la meditación, Velasco Piña, tu trabajo en comerciales y en cine, toda la gente que has formado en el medio, tu visión de la vida, tus palabras, tu amistad, tu sonrisa, tu presencia, tu Ser y un largo etcétera. Dios te bendiga a ti, a Estela, a Adrián y a Gaby -tu esposa-, por siempre jamás. ¡Ya me iluminaste la mañana! Te abrazo cálidamente Julio, amigo”.

Alfonso Franco Tiscareño 

Para Vitral, en el suplemento Barroco. Diario de Querétaro 

18 de agosto del 2021

https://escritosdealfonsofrancotiscareno.blogspot.com

 

 

 



https://www.diariodequeretaro.com.mx/cultura/carta-a-julio-c.-7121025.html

lunes, 27 de septiembre de 2021

 


 

Me enseñaste todo el poder que tiene una mujer,

compartiste tu belleza inaudita, 

me llevaste de la tierra al cielo y del cielo a la tierra,

dijiste tres palabras que me estremecieron.

 

Tocaste y encendiste mi fuego,

rozaste mi piel con tus labios de púrpura,

me llevaste por caminos nuevos,

me enloqueciste con tus valles y cimas.

 

Demostraste que Dios existe,

me condujiste por caminos prohibidos,

me dejaste besar todos los rumbos, 

me iniciaste en todos los misterios. 

 

Comprendí porqué los dioses

sintieron inquietud al contemplar

a las mujeres humanas, 

porqué Adán sucumbió

tan fácilmente a comer la manzana.

 

 

 

Temblé de placer, mis ojos se abrieron,

constaté el big bang y la expansión

del universo entero.

Bebí del Kamasutra y del Tantra,

fui un alumno dócil y sediento. 

 

Fuimos el ying y el yang,

me miré en tus ojos,

coloqué mis manos en tu corazón,

y fuimos vida y movimiento,

comprendimos a Dios.

 

 

 

aft

2 agosto 2021


https://www.diariodequeretaro.com.mx/cultura/tu-7064393.html


 

 

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