jueves, 27 de febrero de 2020

¿Por qué nos gusta tanto el cine? I

¿Por qué nos gusta tanto el cine?  I

¿Por qué nos gusta tanto el cine? Porque es uno de nuestro más grandes espejos. En las historias que nos cuenta se ven retratados nuestros sueños, ilusiones, esperanzas, miedos, fantasías, demonios, anhelos, bondades, es decir, todo el espectro de lo humano. Además de que el cine es como los sueños, la pantalla son los párpados en donde se proyectan nuestras películas. La  noche, la cámara oscura, la proyección, y el movimiento animado incitan a nuestros sentidos a entrar en acción. Todo gracias a la poderosa imaginación, esa arma secreta, motor de la historia humana. Las cosas primero se imaginan, después se concretan. En el cine primero se imagina, y su maravilloso reto consiste en convertir en realidad lo imaginado. Y al parecer no existen límites. Señala Patrick Harpur en El fuego secreto de los filósofos (Ed. Atalanta. 2ª ed. España 2006. P. 72): “En la Florencia renacentista, y nuevamente entre los románticos ingleses y alemanes tres siglos después, la imaginación fue exaltada no sólo como la facultad humana más importante, sino como el fundamento mismo de la realidad.” Nada más y nada menos, la facultad humana más importante. Y el cine de calidad brinda esas posibilidades de volar la imaginación. Para Albert Einstein “La imaginación es más importante que el conocimiento” (http://es.wikipedia.org/wiki/Paul_Feyerabend ). Un don que es necesario cuidar, alimentar y desarrollar en cada uno de nosotros. 

El cine es la posibilidad de empatar nuestro poder imaginativo con el de los grandes creadores que existen en el mundo, la única condición es acercarse a películas inteligentes, sensibles, que busquen lo mejor para el ser humano, que intenten mejorar sus condiciones de vida.

Aunque el cine no sea exactamente como la realidad, cosa que es imposible, es el género que siempre parte de la realidad y vuelve a ella, influenciándola, reinterpretándola, enriqueciéndola, cuestionándola. Su gran poder consiste en que es capaz de divertir, educar y alimentar nuestro imaginario, y esto, de algo o mucho, según el caso, influye de manera comprobable en nuestro mundo real. La cultura puede concretarse en una praxis muy concreta, una manera consciente y crítica para actuar en la vida, en lo cotidiano, en lo familiar, en lo social. El cine es un espacio supremo para fomentar la imaginación, se nutre de ella y la proyecta por todas las salas y casas del planeta. Y, como dice Mario Vargas Llosa “la imaginación es libre y nutre de ideas. Promueve una actitud crítica hacia la realidad. La ficción es un género subversivo.”  

En el cine tenemos una herramienta muy poderosa, y actualmente, con el desarrollo de las tecnologías de comunicación, tenemos la posibilidad de hacer cada uno nuestras propias películas. Que serán caseras, sí, pero con estudio, dedicación, cultura y talento, podemos crear obras interesantes que sean el principio de trabajos más desarrollados. Son infinidad los guionistas y directores de cine en el mundo los que han iniciado así. Las tecnologías actuales nos dan la posibilidad de ser creadores, no sólo consumidores, y ese es un paso muy importante para nuestro entorno social. Es más, es donde radica la posibilidad más interesante de realizar un cine de calidad lejos de los cartabones comerciales que reproducen los intereses creados que ya resultan bastante aburridos y repetitivos, siempre con barbies y kens que no saben actuar, cine controlado por mafias que son los hijos de los hijos de los hijos de las vacas sagradas, y que ofrecen al público obras fofas, sin chispa ni talento. Son la negación de las posibilidades cinematográficas que de manera negativa, cumplen con el postulado planteado en este texto, el cine es un reflejo de lo que somos, para bien o para mal, a nivel de producción o a nivel de consumo masivo. De ahí la necesidad permanente de ejercer la crítica y evaluar qué estamos produciendo, qué cine estamos viendo, porqué, con qué resultados, tanto individuales como sociales. No se puede ver cine como si nada, como si fuera una vacua diversión anodina. Todo lo que consumimos a nivel intelectual y emocional, tiene repercusiones en nuestras personas y en nuestros actos. 

El cine no es una herramienta neutra. Siempre hemos de preguntarnos quién produce, desde qué lugar social y con qué intenciones. El cine ha sido herramienta artística, de desarrollo del ser humano, pero también se ha utilizado para enajenar, adoctrinar y manipular a las masas. Ejemplos los tenemos en todos los sistemas sociales, tanto capitalistas como comunistas. 

Pero el cine puede ser también , dependiendo de su calidad y objetivos, un motivo de unión y comprensión entre los seres humanos. Nos puede ayudar a entender a los demás, a los otros, a los distintos. El cine documental es una gran muestra de ello. Y, en la medida que se desarrolle la empatía, las diferentes sociedades y distintas culturas pueden comprenderse mejor,  ayudarse, pacificarse, cooperar. Esto ayuda a eliminar y disminuir las propuestas supremacistas  de cualquier orden.

El cine  no puede solucionar los problemas del mundo, pero sí puede cooperar al desarrollo de la conciencia y la solidaridad entre los distintos pueblos de la  Tierra.  Vernos reflejados en la pantalla cinematográfica y ver a otros ahí, ayuda a comprender muchos temas, culturas  y lugares que sin el cine no veríamos jamás. 

Y, si bien es cierto que el cine es una alteración de la realidad porque las cámaras no se manejan solas y siempre obedecen a un punto de vista, a una ideología o a una posición política asumida o inconsciente, también es cierto que dependiendo de qué y para quién esté interpretando la realidad, así será la calidad del producto consumido y su influencia. La recepción de un mensaje depende de muchos factores, es un fenómeno complejo que no sólo depende del emisor, sino de la relación dialéctica emisor-receptor y de la interacción de sus respectivos contextos.






Alfonso Franco Tiscareño 
Para Vitral, en el suplemento Barroco. Diario de Querétaro 

¿Por qué nos gusta tanto el cine? II

¿Por qué nos gusta tanto el cine?  II
Pero asistir al cine y disfrutar de una película no es un acto tan sencillo ni inocente, al contrario, es un acto complejo que involucra múltiples circunstancias. Señala el autor Román Gubern en su libro Del bisonte a la realidad virtual, (ed. Anagrama, 3ª ed. p. 16-17): “ … el ojo humano no es un perceptor neutro, pasivo, automatizado e inocente, sino un instrumento condicionado y sujeto a un aprendizaje cultural y a un auto aprendizaje … la visión humana tiene una historia … en buena parte condicionada(s) por las convenciones culturales de cada época). Es decir, que cuando nos exponemos a ver una película, entran en juego muchas más acciones de las que suponemos. Se da una compleja elaboración cognitiva en donde convergen factores fisiológicos, socioculturales e individuales.  Por eso es importante que estemos muy conscientes de qué películas decidimos ver, dado que todo lo que percibimos tiene un efecto en nuestro ser a nivel de las emociones, intelecto y acciones en el mundo concreto, en el mundo de la vida. “Por eso se aprende a ver y no todo el mundo sabe ver…” (Gubern, p. 18).
Una película y su recepción no pueden interpretarse fuera de un contexto histórico, económico, político e ideológico. No existen las producciones ni los mensajes neutros, y cada quien interpreta las películas dentro de estos marcos interpretativos. Así que cada vez que vemos una película estamos sujetos, lo sepamos o no, a todos estos marcos que dan lugar a una interpretación y que terminan en el típico “sí me gustó la película, o no me gustó”. Es decir, detrás de la pregunta de ¿por qué nos gusta tanto el cine?  se encuentra toda esta compleja red de interpretación. El cine nos nutre de ideas, conceptos, lugares, datos, fechas, situaciones.
Ubique cualquier película que haya visto y que le haya gustado mucho. ¿Por qué le gustó? ¿Con qué personaje se identificó? ¿Cuál le cayó mal? ¿Sintió miedo, alegría, placer, tristeza, deseos, terror? ¿Aprendió algo que le pueda ser útil?  ¿Ha vivido o quisiera vivir algo parecido? Las historias narradas en el cine, sea cual sea su temática, producen en nosotros grados de identificación o rechazo, encontramos situaciones que son comparadas con las que nosotros mismos vivimos, que se parecen de alguna u otra forma y con las cuales nos comparamos y medimos nuestras propias vidas. Por eso nos gustan, podríamos decir incluso que las necesitamos, si no existieran esas historias hechas cine, las buscaríamos en otros formatos. En el origen son los cuentos, las historias, los relatos, las anécdotas, que son las que dan sentido y forma a lo humano. No seríamos lo que somos sin ellas. La narrativa está ligada inextricablemente a lo humano. 
Como menciona Paul Ricoeur en su texto clásico La vida: un relato en busca de narrador“Aristóteles no dudaba en decir que toda historia bien narrada enseña algo; más bien, decía que la historia revela aspectos universales de la condición humana…” Toda historia contiene en germen una enseñanza, que en términos ideales debería ser gratificante, positiva, aunque no siempre es así. Todos aquellos relatos que forman nuestra propia historia familiar, los relatos de los abuelos, de los padres, de los tíos, contados al calor de una reunión o en una plática informal, son enseñanzas, nos plantean modelos a seguir, conductas específicas ante las diversas situaciones de la vida. Son ejemplos para seguir o para rechazar. Ese es el efecto de toda narración. La línea de lo contado en la película converge con la línea de lo vivido por el espectador, por el cinéfilo, en algo que Gadamer -respecto al texto- ha llamado  “fusión de horizontes”, concepto que es igualmente válido para el cine. En esa fusión se alimentan y realimentan tanto la industria cinematográfica como el espectador, no sin contradicciones, dado que ese intercambio no se da en un espacio de neutralidad, sino de complejidad en donde entran todos los aspectos contextuales del entramado social. Parafraseando a Paul Ricoeur, del texto que hemos citado, se puede afirmar que el cine “es una mediación entre el hombre y el mundo, entre el hombre y el hombre, entre el hombre y sí mismo.”  Luego afirma que: “ (para) Aristóteles … la definición misma … del relato …es, (la) “imitación de una acción”, (mimesis praxeos). Debemos, pues, buscar en primer lugar los puntos de apoyo que el relato puede encontrar en la experiencia viva del actuar y del sufrir”.
Los relatos están vivos, vienen de la vida y vuelven a ella, por eso los relatos, entre ellos los cinematográficos, son fundamentales, y por eso gustan y nos apasionan. Y todos los géneros tienen ese efecto: la ciencia ficción, el drama, la comedia. No se piense que sólo las películas de corte realista responde a estas condiciones. No, aún la película más descabellada responde a una situación contextual, es un producto histórico-social, que viene de lo real y vuelve a ello. 
Las películas son divertimento, solaz, fuga, encuentro, alimento y motivo para desarrollar la imaginación. Tienen el poder de los sueños, pueden representar cualquier cosa imaginable. Y así como los sueños son la representación de los anhelos más profundos, de lo escondido, de la representación de lo imposible, del terror y las pesadillas, así también el cine. Como diría Marshall McLuhan, el cine viene a ser una extensión de los sueños y la imaginación . La identificación con alguno o algunos de los personajes revela quiénes somos o cómo nos imaginamos, la empatía y las neuronas espejo trabajan a todo, permitiéndonos asemejarnos e influirnos por el físico y los ideales de cada personaje.
Ese misterio que guarda el cine, esa magia, merece ser disfrutada plácidamente, pero también habrá tiempo antes y después para reflexionar el  porqué elegimos ciertas películas, ciertas temáticas, ciertos actores, porque detrás de cada elección hay un mundo complejo de significaciones, de historias, de contextos sociales y de anhelos personales que empujan a cada elección. En la medida en que estemos conscientes de ello, el cine nos puede alimentar más y más en todos los aspectos, y comprenderemos a cabalidad por qué nos gusta tanto el cine. 




Alfonso Franco Tiscareño 
Para Vitral , en el suplemento Barroco. Diario de Querétaro 
19 de febrero del 2020

sábado, 15 de febrero de 2020

El patio de tierra

El patio de tierra

En el patio de tierra se pasearon mis días
jugando canicas y trompo, tacón y rayuela,
viendo pasar a las muchachas
mirándolas de arriba a abajo con asombro.

Ya no hay casi patios de tierra
para romper piñatas
y seguirle la pista a los chifladores
ni para tronar palomas  que vuelen los botes de lata
hasta el cielo.

Ojalá todavía exista aquel patio de tierra,
es que ahora todo lo tapan con planchas de cemento 
y ahogan las fosas nasales del planeta,
a casi nadie importa, ya no hay rocío,
no hay pasto. Ahora sólo estacionamientos,
nada para la gente, todo para los autos.

En aquel patio de tierra brinqué  la reata,
jugué a los encantados, llené de lodo mis pantalones,
los desgarré.
Salté en sus charcos tanto
como sobre las camas, 
fue mi solar, mi erial para pensar
-sentado acuclillado-, en los oráculos de los destinos.

Pasados tantos años aún siento la energía
de los estados de ánimo de mi patio de tierra,
si estaba seco  o húmedo de lluvia.
Las nubes crujen en el cielo,
los relámpagos cantan
caen las primeras gotas
y luego luego huele a tierra mojada. 
 . 








Alfonso Franco Tiscareño 
Para Vitral, en el suplemento Barroco. Diario de Querétaro 
5 de febrero del 2020

miércoles, 29 de enero de 2020

Jackson Pollock, pintor

Jackson Pollock, pintor


Como si los brazos no fueran de él,
colgando de su tronco, hipnotizados,
la vista perdida -para nosotros-, 
pero mirando la revelación dentro de sí. 

El lienzo enorme por delante, blanco, blanco,
y el abismo del ser más grande aún,
la sombra en proyección, el contraluz.
Del vacío infinito brota todo. 

De pronto aquellos brazos comienzan a moverse,
las manos toman vida propia
y el maná adquiere aliento en forma de colores,
lo abstracto danza sobre la tela agradecido.

Han nacido a la vida, brincan eufóricos,
chorros de color sin formas concretas,
explosión de metrallas inconscientes,
Mandelbrot y sus fractales revelados. 

La brota por todas partes,
el amanecer nos ha cogido pintando,
el plazo se ha cumplido y Peggy, la mecenas,
tendrá su cuadro en amarillos. 

La ventana quedará abierta para siempre,
el Mural, del 43, estará destinado a hacer historia,
ya nada será igual, estos pasos se dan
cada que un ángel baila. 



Alfonso Franco Tiscareño
Para Vitral, en el suplemento Barroco. Diario de Querétaro
22 de enero del 2020https://www.diariodequeretaro.com.mx/cultura/jackson-pollock-pintor-4756928.html?fbclid=IwAR2sPIyMShWZGB2CR9pLTcA1mpoxIRyrmSRuLr8InINUdgFQ-VXDAy1-PL8

jueves, 23 de enero de 2020

Vengo a ver florecer los cerezos

Vengo a ver florecer los cerezos 

Vengo a ver florecer los cerezos,
 a tratar de entender los secretos que guardan
en el principio bioquímico sus flores.

Vengo a meditar profundamente
de dónde viene tu color,
en dónde se gestó tu semilla.

Vengo a que me acaricies con tus pétalos,
a que perfumes mi cuerpo
con tu aroma.

Vengo a asombrarme alegremente 
con la aparición de tus primeros 
brotes, augurio de las frutas

que alimentarán mi cuerpo, 
mi corazón 
y mis anhelos.

Vengo a los pies del árbol a 
comprender que tu raíz 
está en los cielos, en las estrellas.

Vengo a imaginar el sabor de tu fruto
hasta que tu sabiduría 
lo deposite entre mis manos.

Vengo a agradecer,
a rezar,
a celebrarte.

Árbol maestro, igual que tus
hermanos de todas las especies,
vengo a abrazarte y a quererte.






Alfonso Franco Tiscareño 
Para Vitral, en el suplemento Barroco. Diario de Querétaro 
15 de enero del 2020





miércoles, 15 de enero de 2020

Asimov, Yo robot, y la ética robótica

Asimov, Yo robot, y la ética robótica
La temática acerca de robots es muy atrayente. En su  diseño y creación se proyectan desde los sueños haraganes de hacer de ellos nuestros esclavos, hasta la idea de convertirlos en nuestras compañías amorosas, pasando además por un sinfín de posibilidades de utilización. Por ejemplo, en la antigua caricatura creada para la televisión por  William Hanna y Joseph Barbera, Los supersónicos (1962)aparece una sirvienta (así se les llamaba en esa época) llamada Robotina, una robot encargada de los deberes que nadie quería realizar. Los robots concebidos como sustitutos para realizar las tareas más deleznables o peligrosas que nadie quiere o  debe realizar. Entes sin vida y sin voluntad que puedan sustituirnos con eficacia y sin riesgos. Pero ¿qué sucedería si esos robots, como producto de un mejor acabado, tomaran conciencia y se rebelaran? Al desarrollar mejores robots éstos tendrían más desarrollada la inteligencia artificial para que así pudieran cumplir mejor con sus tareas, pero ¿también ese desarrollo implicaría que pudieran desarrollar una conciencia propia, pensamientos, sentimientos? Esos son los dilemas que plantea Isaac Asimov en su libro Yo, robot, y que son retomados en la película del mismo nombre dirigida por Alex Proyas (2004). 
Este 2 de enero del 2020 se cumplió el primer centenario del nacimiento del escritor de ciencia ficción Isaac Asimov, y es justo rememorarlo e invitar a la gente a redescubrirlo, conocerlo, releerlo. Sus aportes a la divulgación histórica y científica, y a la literatura, lo hacen digno de homenajes. Nació en Rusia cuando en este país apenas comenzaba la revolución comunista. Su familia, de origen judeo-ruso, se trasladó a los Estados Unidos cuando Isaac tenía tres años de edad. Comenzó a publicar relatos de ciencia ficción a los 19 años en revistas conocidas en aquel tiempo como pulps. En verdad es muy amplia la variedad de temas sobre los que Asimov escribió. En buenas librerías pueden encontrarse sus libros más populares, entre ellos Yo, robot. Debajo de la anécdota central de este libro - la de un policía que busca aclarar el aparente suicidio de un científico relevante en la creación de robots y de la que él sospecha asesinato-, se encuentran las grandes interrogantes del desarrollo de robots y la inteligencia artificial. Esos son los temas centrales de muchos de los libros de Isaac Asimov, como puede verse por ejemplo en la saga que escribió acerca de los robots. Tema al que si rascamos más a fondo nos lleva a la profunda reflexión a propósito de qué estamos haciendo con los conocimientos científicos, cómo influyen la realidad cotidiana y hacia a dónde nos están conduciendo. Y estos asuntos no competen sólo a los científicos, sino a la sociedad toda, a cada uno de nosotros. Es deber de la sociedad civil hacerse responsable y estar atenta de hacia dónde nos dirigen los descubrimientos científicos, en este caso, la robótica. 
Son muchos los temas que están implicados: ¿qué nos depara el futuro, sustituirán totalmente los robots a los trabajadores en las fábricas, en los servicios? ¿Qué pasará con el desempleo generado por esto? ¿Qué soluciones puede haber que sean justas para todos? ¿Cómo repercutirá, por ejemplo, en las guerras el desarrollo de armas robotizadas y con altos desarrollos de inteligencia artificial? ¿Está en peligro la vida en el planeta, la vida humana? Como puede verse son muchos los temas implicados respecto a la robótica. Cuestiones laborales, jurídicas, económicas, políticas, sociológicas, educativas, filosóficas, ideológicas, pero quizá, sobre todo, éticas. El libro de Asimov, Yo, robot, se asoma a todas ellas y nos deja tarea respecto a reflexionar acerca de sus implicaciones. 
Hasta este momento toda la ciencia ficción ha especulado acerca de la posibilidad de replicar el cerebro humano, y algunos se han proyectado hasta la posibilidad de que los robots tengan algo parecido al alma humana. Para el cofundador de Apple, Steve Wozniak, esto no es posible, dado que las máquinas aún no saben  “cómo se almacenan las memorias o las emociones, de dónde proviene la intuición.”  Pero los intentos por desarrollar robots sensibles, que pudieran replicar el cerebro humano no se detendrán, al contrario. Cada vez más científicos intentar alcanzar esa meta, y a veces pareciera que se acercan poco a poco. Por tanto, el debate a propósito de la relación entre ética y robótica es inaplazable, y cada día los países toman posiciones más definidas al respecto. Es un campo teórico y práctico que necesita regulación. No puede darse así como así. Es un campo minado dado qué hay muchos intereses de por medio, y muchos de sus desarrollos se mantienen en la más absoluta secrecía. Los desarrollos tecnológicos no son neutros, están relacionados íntimamente con el poder económico, político y militar. De ahí, la necesidad urgente de establecer códigos éticos que establezcan reglas claras para estos desarrollos. El respeto a la dignidad humana, la no utilización militar, la libertad, los asuntos de privacidad, están entre los temas a tratar. Isaac Asimov entrevió todos estos problemas y los plasmó, a la manera de ficciones en sus múltiples libros, entre ellos el de Yo, robot, en donde podemos encontrar todas esas inquietudes que la novela aborda. Robots que desarrollan la conciencia y se rebelan contra sus creadores, que se niegan a morir, que quieren adquirir poder, que desarrollan guerras. Proyecciones de la propia historia de la vida humana. Una humanidad que, a pesar de todos sus desarrollos de alta tecnología e inteligencia artificial, no ha sido capaz de establecer un mundo más justo y más solidario en donde no domine el crimen, la rapiña y el poder dictatorial. Un mundo contradictorio con grandes contrastes, que a veces pareciera que sólo fuera en blanco y negro, luces  y sombras que opacan todos los matices existentes. 
Esos son los ambientes a donde nos conduce Isaac Asimov en su literatura, y en donde podemos encontrar diversión y divulgación científica, reflexión ética y filosófica, y ciencia ficción de alta factura. El mejor homenaje que podemos hacer a este escritor en el centenario de su nacimiento es leerlo, disfrutarlo, interrogarlo y llevar más allá las pautas que no dio para imaginar los mundos posibles que vendrán. 




Alfonso Franco Tiscareño 
Para Vitral, en el suplemento Barroco. Diario de Querétaro 
8 de enero del 2020
https://www.diariodequeretaro.com.mx/local/barroco/asimov-yo-robot-y-la-etica-robotica-4695355.html

jueves, 9 de enero de 2020

Los libros de autoayuda.

Conozco gente que casi brama y despotrica contra los libros de autoayuda. Los consideran tontos, inútiles, simplones, etcétera. Afirman que no aportan nada, que hay que leer a verdaderos filósofos, a los grandes pensadores. Les he preguntado que a cuáles han leído, y trastabillando algunos me responden que … bueno … a Platón … a Aristóteles …y como cuál libro de ellos, les pregunto … bueno … los Diálogos … cuál Diálogo … me han dicho que en ese momento no se acuerdan exactamente... Si leyeran más a fondo o releyeran, suponiendo que eso fuera cierto, encontrarían que muchos de los conceptos planteados en los textos de los grandes filósofos y/o filosofías, se encuentran también, más o menos desarrollados, en los vituperados libros de autoayuda Hoy quiero citar, como ejemplo, el concepto de “acéptate tal como eres”, que se repite insistentemente en el libro Tú puedes sanar tu vida, de Louise L. Hay (Ed. Diana). Ella fue una importante escritora de libros de autoayuda. Para los que critican estos libros como huecos, incluso tontos, light, el concepto citado sería incluido en dicha adjetivación, pero en cambio, si lo encuentran en un texto filosófico, entonces lo exaltan y lo citan, con su fuente por supuesto, para que tenga más fuerza. Pues bien, el mismo concepto lo he encontrado en la filósofa tántrica en los comentarios al libro sagrado hindú, que tiene cinco mil años de antigüedad, el Vigyan Bhairav Tantra. Acerca de este libro, Osho comenta en El libro de los secretos, capítulo 2: “El tantra dice que te aceptes a ti mismo tal como eres. Es una aceptación profunda”. Exactamente el mismo concepto, pero si lo indica un libro de autoayuda es basura para muchos, o cuando menos no digno de importancia. En cambio, si la cita viene de un libro filosófico, entonces es digno de tomarse en cuenta y recomendarse. Y como este concepto apuntado aquí, he leído acerca de muchos otros que encuentro en ambas partes, libros de autoayuda y libros de filosofía, lo cual lleva a algunas conclusiones: a.) los humanos funcionamos en gran medida a partir de prejuicios, nos falta mucho aparato crítico para cuestionar infinidad de ideas falsas a partir de las cuales actuamos; b.) nos falta conocernos profundamente para ver de dónde viene lo que creemos. Nos falta conocer nuestra esencia, ir a lo fundamental en casi todos los temas y conceptos que nos construyen. Los libros de autoayuda pueden servir como un primer acercamiento a diversos temas de la filosofía. Cierto es que pueden existir diversas calidades entre estos textos, pero aún así, cualquiera puede servir como primer paso. El punto es precisamente el señalado, ir más y más a fondo en los temas abordados, pero sobre todo llevarlos a la práctica, ya que ahí está el campo fértil en donde se cosechan las flores, la práctica es la escuela del aprendizaje y la evolución. Hay que acercarse sin miedo y sin prejuicios a estos libros, verlos como una primera puerta. Claro, este paso no es necesario para todos, es sólo para el que guste, para el que lo necesite, cada quien tiene su propio nivel. Cuando el alumno está preparado -dice un refrán- aparece el Maestro. A cada uno según su momento. Otro de los temas recurrentes en los libros de autoayuda es el de conocerse a sí mismo. La autora de libros de autoayuda Lise Bourbeau insiste en sus libros en la importancia vital de conocerse y aceptarse. Es otro concepto que se emparenta con los grandes temas de la filosofía y sus autores, como por ejemplo Pitágoras, Sócrates, Platón. Para estos filósofos es una cuestión vital conocerse a sí mismo. Sócrates lo señala con una contundencia que nunca es suficiente. Pero aquí volvemos a lo mismo. Si lo señalan autores de libros de autoayuda, parecen, según algunos, ideas ilusas, guangas, bobaliconas. Ah, pero si citamos a los filósofos griegos, entonces sí son conceptos dignos de tomarse en cuenta. Muchos presumen de filosofías que no conocen ni nunca han leído más allá de alguna reseña, y sin embargo, se atreven a señalar como basura a los libros de autoayuda. Cualquier verdadero amante de la filosofía saben que ésta parte de las preguntas más elementales, más simples, de las que incluso parecen infantiles. No es necesario ser filósofo profesional para interesarse por la filosofía. Incluso, como ya lo señaló Antonio Gramsci existe la filosofía profesional y la filosofía de la gente común. En cierto sentido, todo ser humano es un filósofo en la medida que tiene una concepción, aunque sea mínima, respecto a los temas más importantes de la vida humana. ¿De dónde venimos, a dónde vamos, para qué vivimos, cuál es el origen de la vida? Dice Antonio Gramsci: “En su concepción, la filosofía como actividad humana y resultado de ella, encarna la cultura en sus expresiones económicas, políticas, jurídicas, éticas, estéticas, etc. y en los niveles cotidianos, psicológicos e ideológicos, integrados en una especial concepción del mundo que da cuenta de la existencia humana en su devenir progresivo en la historia. Por ello, explica Gramsci: " la filosofía de una época histórica no es, por consiguiente, otra cosa que la " historia" de dicha época (...) Historia y filosofía son indispensable, en ese sentido forman un bloque … Gramsci no niega el valor de la filosofía de los filósofos, lo que sí rechaza es que se eleve y estatuya como única filosofía, al margen de sus fuentes nutricias ( realidad, cultura, formas ideológicas) y los otros saberes producidos por las masas en sus diversas manifestaciones, que en última instancia, todos conforman la totalidad filosófica en forma de concepción del mundo.". Es necesario dejar atrás las poses y comprender que cada quien tiene su nivel, y que a nadie le hace mal amarse y conocerse cada día más a sí mismo, venga de donde venga la idea. Desde los niveles básicos que proporcionan los libros de autoayuda se puede ir escalando hasta el estudio, conocimiento y praxis de los grandes sistemas filosóficos. La luz de la sabiduría brilla y es para todos. Volveremos al tema.




 Alfonso Franco Tiscareño
 Para Vitral, en el suplemento Barroco. Diario de Querétaro 31 de diciembre del 2019
https://www.diariodequeretaro.com.mx/local/barroco/los-libros-de-autoayuda-4670283.html

lunes, 23 de diciembre de 2019

Qué le debo a Gibrán Jalil Gibrán
                                                   para mí Kaixito …

Le debo la hermosura, la amabilidad
de darle un poco de paz a mi alma
en medio del desbarranco y desconsuelo.

Le debo un  libro acariciándome
con sus palabras en una noche siniestra,
a mi diestra, sentado en la nada.

Estoy en deuda por su compañía
arrancando hojas de su propia vida
para que lloren a gusto los bastardos.

Por convertir la incertidumbre en perdón
por llevarme a caminar de la mano de Cristo
por darme de beber en el pozo del loco.

¿Y de la incitación a las palabras, qué me dices?
Del soplo de espiritualidad alimentando
la pasajera carne humana.

¿Y del llanto, de la risa, de saberse falibles?
Un jinete  en la noche a contra luz
corriendo en la arena todavía caliente.

Un sol rojo como yema de huevo
primigenio, viajando sin rumbo
entre el gran silencio de las esferas musicales.

Un ancestral beduino cabalgando
regando luz
salvando vidas.






Alfonso Franco Tiscareño 
Para Vitral, en el suplemento Barroco. Diario de Querétaro 

miércoles, 18 de diciembre de 2019

El Lucero

De mi lanza colgué un pendón
para cabalgar por la llanura,
sin rumbo fijo, al filo de las montañas
o por la cima de las cordilleras.

Amé el viento como a pocos entes
en la Tierra, y mi bandera 
se agitó cantando sordamente
aunque con suave brisa.

Mi caballo parecía tener alas
en los tobillos y alegre
bailaba en las planicies, 
éramos un par de locos.

En oasis nos detuvimos a beber
la luna en el cenit, las estrellas colgando
del techo celestial.
Una rana cantó junto a nosotros.

Busqué el tesoro y lo encontré,
tuve que caminar muy lejos
para saber que el reino
era yo mismo.

Desmonté mi caballo, le di pastura,
lo abracé y  desmentí mis certezas, 
miré el lucero que guiaba mi camino
y lo bendije.








Alfonso Franco Tiscareño 
Para Vitral, en el suplemento Barroco. Diario de Querétaro.
11 de diciembre del 2019

miércoles, 10 de abril de 2019

Mick Jagger

Mick Jagger

Es mi tiempo corriendo en el espacio sideral,
es el único que tengo
y miro cómo pasa.

La maravilla que es la vida,
su graciosa majestad
se va formando y desvaneciendo.

Nunca abandones a tus amigos
no te engañes con el éxito,
esto es vanidad de vanidades.

Como animales salvajes
corriendo en el camino,
existen o no  existen.

Son luz y oscuridad
son materia y vacío,
exactamente como los sueños.

Lo más profundo de los sueños,
ahí donde habita la nada
abrazada a los arquetipos.

Unos labios cantan en la noche
de cara al infinito,
mirando las estrellas.

Podrías estar en el cielo,
en el infierno
o arrullando a un bebé.

Pero esa boca carnosa
canta una canción melancólica,
como un lamento.

Clama por un final,
seduce por un principio
al que llaman vida.


Abrazados a un árbol
pintamos nuestros nombres
mientras un coyote nos olfatea.

Todo esto se llama existencia
y pasa, siempre pasa,
no hay pausa posible.

Carpe diem, disfruta tu día,
dame tu mano y hagamos
crujir las hojas secas del camino.

Nadie sabe hasta cuándo
podrá seguir cantando,
pero me hiciste pasar muy buenas noches.

Me deslumbro al mirar
que caminamos por el cosmos
a la orilla de la Vía Láctea.

El sonido del silencio
nos fondea. Nuestros párpados
aplauden sembrando flores de té.

Mírame fijamente,
latimos al unísono,
lo sabes, lo sabemos.











Para Vitral , en Barroco. Diario de Querétaro
Alfonso Franco Tiscareño
4 abril 2019
https://escritosdeaft.blogspot.com

  Barbie ¿feminista?    II/ II El monólogo de la señora Gloria prosigue diciendo: “ Es literalmente imposible ser mujer. Eres muy hermosa y ...